Armonía

¡Qué maravilloso y agradable es cuando los hermanos conviven en armonía!Pues la armonía es tan preciosa como el aceite de la unción que se derramó sobre la cabeza de Aarón, que corrió por su barba hasta llegar al borde de su túnica.

Salmo 133:1-2 (NTV)

El salmo 133 compara la armonía en la vida comunitaria del pueblo de Dios con el aceite que se usaba para ungir a los sacerdotes y consagrarlos para sus funciones. Este óleo se preparaba con una mezcla especial de especias aromáticas y dice el salmo que se derramó sobre la cabeza de Aarón y descendió hasta cubrir el borde de su túnica. Todo su cuerpo quedó impregnado de perfume santo y exquisito. Esa armonía es sobrenatural, trasciende las diferencias de personalidad, los criterios de pensamiento humano, la condición social…por eso solo el pueblo que tiene una identidad firme en Dios y se somete alegremente a su señorío puede vivirla y disfrutarla. 

Al creer y aceptar que por medio de Cristo Dios nos dio esa identidad celestial, ahora somos Su pueblo y cada uno de nosotros es un sacerdote consagrado para servir al Rey.

Pero ustedes no son así porque son un pueblo elegido. Son sacerdotes del Rey,una nación santa, posesión exclusiva de Dios. Por eso pueden mostrar a otros la bondad de Dios, pues él los ha llamado a salir de la oscuridad y entrar en su luz maravillosa.«Antes no tenían identidad como pueblo, ahora son pueblo de Dios.

1° Pedro 2:9-10 a (NTV)

En estos días estoy pensando en la necesidad que tiene la gente de conocer el verdadero evangelio de Cristo y en la responsabilidad de anunciarlo que tiene la iglesia.

Una encuesta realizada por el Conicet en 2019, publicada en chequeado.com afirma que en Argentina los cristianos evangélicos somos el 15,3 % de la población total. Esto significa que hay 6.700.000 creyentes distribuidos en las distintas provincias. Si cada uno de ellos le habla a otro en un año hay 6.700.000 personas más que escucharon el mensaje. Si seguimos con este sencillo ejercicio matemático, en seis años sumamos 46.900.000 personas… Todo el país.

¿Esto significa que todos reconozcan a Cristo como Señor? No. Solamente estamos pensando juntos en la posibilidad de comunicar el mensaje. Por eso es interesante que vos y yo volvamos a meditar en ¿cuánto nos cuesta hablar del Señor con los que no creen?

Confieso que a mí sí. Por naturaleza soy tímida y no me resulta fácil hablar con desconocidos. Necesito conocer al otro, sus necesidades y su forma de ser, para poder entablar un diálogo que nos enriquezca mutuamente. Sin embargo, me pregunto cómo podemos comunicar el mensaje con efectividad sin que parezca que vendemos algo. Alguien me comentó hace tiempo que los métodos evangelísticos que usamos se parecen mucho a los sistemas de venta de distintos productos. En general la gente está cansada de escuchar palabras, propuestas e ideas distintas y desconfía de las instituciones en general… pero necesita tener una esperanza que esté fundamentada en bases firmes. Ese tipo de esperanza solo se encuentra en Aquel que puede darles una nueva perspectiva de la vida.

Los tiempos nuevos requieren métodos diferentes. El mensaje de salvación no cambia, Cristo no cambia, la forma de comunicarlo sí debe hacerlo, para poder ser efectivos en la tarea.

En esta búsqueda personal hay canciones que me acompañan. La última es “Aceite fresco” de New Wine. Habla de la necesidad que tenemos del Espíritu Santo para poder alcanzar a los que nos rodean y saciar su sed de esperanza y certeza eternas.

Luego derramó un poco de aceite de la unción sobre la cabeza de Aarón, y de esta manera lo ungió y lo

santificó para su labor.

Levítico 8:12 (NTV)

La iglesia tiene una identidad Cristocéntrica y desde ese lugar puede comunicar de manera integral, con sus palabras y también con sus acciones. La armonía en la comunidad produce resultados sobrenaturales. Allí, dice el final del salmo el Señor envía bendición y vida eterna.

Mónica Lemos