Jesús sabía que se morían por preguntarle qué quería decir, así que dijo: «¿Están tratando de descubrir entre ustedes lo que quise decir cuando dije: ‘Dentro de un día o dos no me verán, pero luego en otro día más o menos me verás´? Entonces fijen esto firmemente en sus mentes: estarán de luto profundo mientras el mundo impío organiza una fiesta. Estarás triste, muy triste, pero tu tristeza se convertirá en alegría.
Juan 16:20 MSG
(Énfasis del autor)
Confiar en la promesa de Jesús implica confiar en el proceso de transformación.
Realmente no descubro completamente cómo el Señor trabaja en medio de mis tristezas porque estoy muy concentrada en esa realidad, pero tengo que aprender cada vez más a confiar que Su plan es siempre para mi bien y Su gloria.
En tu experiencia… ¿Creés en esa transformación?
¡Qué bueno es que, a medida que abrazamos la promesa de Jesús, aprendemos a celebrar incluso en medio del tiempo difícil! Llevar nuestra mente a la mente de Cristo para confiar en que nuestro gozo no está determinado por las circunstancias externas, sino por la presencia constante del Señor en nuestras vidas y la esperanza de un futuro glorioso. ¡Que podamos confiar en Su fidelidad y permitir que Él transforme nuestras lágrimas en risas y alegría!
Al escribir este devocional me acuerdo de los pastores de Belén, que estaban en una noche oscura y rutinaria y fue justamente en la oscuridad que La Promesa de Gozo llegó.
En este devocional te invito a pensar cómo el Señor puede infundir gozo incluso en las noches más oscuras. En los momentos de penumbra de nuestras vidas, la promesa de Jesús resuena con fuerza: «Vuestra tristeza se convertirá en gozo”.
La oscuridad de la desesperanza puede ser transformada en el proceso de ser inundados por el Espíritu Santo.
Hay momentos en los que la desesperanza parece envolvernos como una densa oscuridad, pero la promesa de Jesús nos llama a resistir y esperar en Él.
Pacientemente esperé al SEÑOR, y él se inclinó a mí y oyó mi clamor. Me hizo subir del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso. Puso mis pies sobre una roca y afirmó mis pasos. Puso en mi boca un cántico nuevo, una alabanza a nuestro Dios. Muchos verán esto y temerán, y confiarán en el SEÑOR.
Salmo 40: 1-3 RVC
Su paz y descanso, el gozo en el espíritu no dependen de la ausencia de problemas, sino de la presencia constante de nuestro Salvador en cada situación. Incluso en medio de la desolación podemos aferrarnos a la esperanza.
No necesito entenderlo, como los discípulos que en aquella última cena no comprendieron la magnitud de las palabras de Jesús. Él mismo experimentaría horas después su noche más oscura…
Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.
Juan 17: 1 RV1960
Una vez más el Señor no pide nada que ya no haya dado y no ofrece nada que no haya experimentado primero… Es la garantía de que en nuestras noches oscuras tenemos certeza que Él ya pasó por ahí.
Ruth O. Herrera
