Automaquillaje II

 Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Efesios 4.13

En Efesios, Pablo al hablarle a la iglesia les indica a todos cómo deben comportarse entre ellos, y señala que cada uno individualmente puede y debe alcanzar la estatura de Cristo. 

Parece un montón – ¡y lo es! Pero por difícil que sea, tampoco deberíamos conformarnos con menos. 

Ayer les conté que tomé una clase de automaquillaje a principio de año. El resultado final me sorprendió bastante, y no porque me hubiese cambiado taaaaanto la cara, sino porque era una versión que nunca había visto de ella: Era yo, pero con el tono de la piel más parejo, sin tantas ojeras, con más brillo en la mirada y no tan pálida como de costumbre. 

Cada tanto, después de alguna palabra o alguna experiencia que calan muy, muy profundo, tengo una sensación similar en mi vida espiritual: Me veo más íntegra, más amable… Siento que dejo de ser egoísta y que puedo amar más y mejor… Como si estuviera más a la altura de Jesús, ¿se entiende? 

Con el tiempo trato de mantenerlo, pero me doy cuenta de que sola carezco de las herramientas necesarias y mi torpe carácter  “mancha” más de lo que resuelve y vuelve a sus viejos hábitos. Al igual que con el maquillaje, me olvido de cómo debería verme y de qué pasos me llevaron a eso y ya ni siquiera me miro al espejo. Soy lo que Santiago llamó “oidor olvidadizo” 

Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.

Santiago 1.23


Incluso a veces, me concentro en algún defecto específico y pierdo el plano general. Me cuido en un aspecto, pero descuido otro… Y al final ya ni me acuerdo a qué tipo de persona apuntaba a ser.
 

Y ahí es cuando tengo que volver a la fuente y recordar que debo perseverar y someterme hasta alcanzar la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. 

Porque en Él y por Él, puedo tener ese rostro deseable que alguna vez me encandiló y me mostró otra vida posible. Puedo reflejar, más allá de mis defectos y con mis particularidades, una forma de vivir que trasciende lo natural y que trae salvación. 

Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.

 Santiago 1.23-25
(Énfasis del autor)

 No quiero pasar por este espejo y seguir de largo. Quiero mirar bien, recordar y volver a él. Quiero permanecer, obedecer y regresar cada vez que haga falta. Quiero verme como Él me ve y que otros puedan reconocerlo a Él al mirarme a mí.

 

 Yanett Sokur