¿Creen que el ayuno que me agrada consiste en afligirse, en agachar la cabeza como un junco y en acostarse con ásperas ropas sobre la ceniza? ¿Eso es lo que ustedes llaman “ayuno”, y “día agradable al Señor”? Pues no lo es. El ayuno que a mí me agrada consiste en esto: en que rompas las cadenas de la injusticia y desates los nudos que aprietan el yugo; en que dejes libres a los oprimidos y acabes, en fin, con toda tiranía;
Isaías 58:5-6 (DHH)
Dios le da una palabra a su pueblo en medio de una crisis social y de fórmulas religiosas que estaban vigentes, pero no se basaban en el corazón de Dios, por ejemplo, el ayuno.
En este texto del profeta Isaías el Señor nos presenta la idea de un pueblo que tiene que ser combatiente desde lo social, que sea capaz de desatar el yugo y dejar libres a los oprimidos acabar con toda tiranía, aunque el término combatiente pueda tener diferentes significados según las épocas.
Una iglesia activa es una iglesia combatiente, aunque el término pueda malinterpretarse en nuestro contexto actual. Una iglesia activa es desafiada a desatar el yugo, dejar libres a los oprimidos, acabar con toda tiranía.
Pastor Hugo Herrera
Isaías 58 es un texto muy fuerte y también muy actual. Nos interpela y nos confronta. Los versículos anteriores proveen el contexto.
Diariamente me buscan y están felices de conocer mis caminos, como si fueran un pueblo que hace el bien y que no descuida mis leyes; me piden leyes justas y se muestran felices de acercarse a mí,
y, sin embargo, dicen: “¿Para qué ayunar, si Dios no lo ve? ¿Para qué sacrificarnos, si él no se da cuenta?” El día de ayuno lo dedican ustedes a hacer negocios y a explotar a sus trabajadores;el día de ayuno lo pasan en disputas y peleas y dando golpes criminales con los puños. Un día de ayuno así, no puede lograr que yo escuche sus oraciones.
Isaías 58:2-4 (DHH)
Estas personas eran religiosas pero su vida cotidiana se desarrollaba de la misma manera que la de los que no conocían a Dios…por eso el día especial de ayuno aprovechaban para hacer negocios y hasta ¡explotaban a sus trabajadores! Existía una división profunda entre su fe y su práctica. Dios les dijo claramente que sus disciplinas espirituales no lo impresionaban, que el ayuno que Él deseaba consistía en acciones muy concretas.
Es claro que no podemos pedir leyes justas si nosotros cometemos injusticias con nuestros semejantes. Por eso el Señor se ocupa de dar instrucciones detalladas acerca de qué es lo que a Él le agrada.
¡No! Esta es la clase de ayuno que quiero: pongan en libertad a los que están encarcelados injustamente; alivien la carga de los que trabajan para ustedes. Dejen en libertad a los oprimidos y suelten las cadenas que atan a la gente.
Isaías 58:6 (NTV)
Todas las instrucciones que el Señor da tienen que ver con el trato hacia el prójimo. La idea de Dios siempre fue que su pueblo fuera diferente a los demás pueblos, esa diferencia estaba marcada porque el Señor mismo les había dado sus leyes para que las pusieran en práctica y así pudieran vivir dignamente en la tierra que Él les había dado.
Si permitimos que el Espíritu Santo examine nuestro corazón, tal vez tengamos que reconocer que hay formas y maneras de actuar que debemos y podemos corregir.
En nuestra cultura evangélica hay maneras de comportarnos que ni siquiera nos cuestionamos, y que debemos revisar. Hay quienes tienen incorporado como naturales modelos que son muy diferentes a los que el Señor quiere, y mientras eso no cambie, no pueden afectar positivamente a nuestra sociedad.
Los cambios que soñamos ver en nuestro país, los que realmente necesitamos sólo los puede provocar nuestro Dios.
Todos los días circulan por redes sociales y medios de comunicación iniciativas que tienen apariencia de justicia social, pero utilizan métodos violentos o imponen criterios que son totalmente opuestos a las enseñanzas de Cristo. Por eso es imprescindible pasar por un tamiz toda propuesta que llega desde afuera porque sin querer podemos levantar banderas que no tienen nada que ver con nuestra identidad en Cristo… Para Dios el fin no justifica los medios.
Mónica Lemos
