Bendiciones para elegir

El SEÑOR tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.  Luego el SEÑOR tu Dios pondrá todas estas maldiciones sobre tus enemigos y sobre los que te aborrecen, y te persiguieron.  Pero tú volverás a escuchar la voz del SEÑOR, y pondrás por obra todos sus mandamientos que yo te mando hoy.  El SEÑOR tu Dios hará que sobreabundes en toda la obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu ganado y en el fruto de tu tierra. Pues el SEÑOR volverá a gozarse en ti para bien, así como se gozó en tus padres, si escuchas la voz del SEÑOR tu Dios para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; si te vuelves al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.

…he puesto delante de ustedes la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tus descendientes, amando al SEÑOR tu Dios, escuchando su voz y siéndole fiel. Porque él es tu vida y la prolongación de tus días.

Deuteronomio 30:6-10; 19 y 20 RVA-2015

 

Si bien este es un texto del Antiguo Testamento la idea de que Dios nos da siempre la posibilidad de elegir atraviesa toda la Biblia.

 

Nuestro Creador nunca quiso gente que le obedeciera como autómata, nos hizo libres y responsables de las decisiones que tomamos. La obediencia siempre fue opcional. La desobediencia, también. El camino que elegimos viene con sus consecuencias.

 

Si bien Cristo pagó por nuestra humana imposibilidad de hacer siempre lo bueno, Él obedeció al Padre en todo. Fue obediente hasta la muerte más horrorosa y denigrante de la época. La muerte de cruz estaba reservada para los delincuentes, era señal de deshonra. Y Jesús fue voluntariamente a ella por nosotros, se puso en nuestro lugar para que no tuviéramos que sufrir semejante castigo.

 

Ahora bien, su sacrificio no anula la necesidad de la obediencia, cambia la motivación para obedecer. Ahora que lo conocemos, que sabemos que tenemos una nueva vida en nuestro interior, también tenemos el poder para obedecer a Papá por amor, de todo corazón y con alegría.

Si bien las circunstancias pueden abatirnos, entristecernos y a veces podemos volver a elegir mal, el pecado no tendrá dominio permanente sobre nosotros. ¡Esa es una excelente noticia!

 

No tenemos que negar el dolor ni el fracaso, ni la tristeza, podemos confesarlos con la confianza de que Cristo nos entiende, se compadece de nosotros y acude en nuestro auxilio. Su Palabra promete que todo, aun lo que no quisiéramos vivir, puede revertirse en Sus manos y ayudarnos para bien.

 

El poder para bendecir a otros, aun a los que no nos hacen bien, viene de la vida nueva que tenemos en Cristo. Por eso Pedro pudo escribir muchos años después de que el Señor había ascendido a los cielos esta recomendación para la iglesia

 

En fin, únanse todos en un mismo sentir; sean compasivos, misericordiosos y amigables; ámense fraternalmente y no devuelvan mal por mal, ni maldición por maldición. Al contrario, bendigan, pues ustedes fueron llamados para recibir bendición.

1° Pedro 3:8 y 9 RVC

(Énfasis del autor)

 

Mónica Lemos