Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna.
Juan 6:68 RV1960
Las palabras de Jesús siempre tenían una dirección intencional, no eran casuales, y quienes hablaban con él siempre debían de una u otra forma responderse a sí mismos, decidir… Miles seguían a Jesús para escucharlo porque siempre eran palabras impactantes
Nuestras charlas cotidianas no siempre son pensadas y chequeadas por nosotros mismos, sencillamente exhalamos palabras sin tamizarlas y en general no nos damos tiempo suficiente para esperar sus resultados en quienes nos escuchan.
¡Qué difícil es dominar nuestras palabras!
Mi mamá durante toda mi adolescencia me repetía: “De la abundancia del corazón habla la boca”, y yo muchas veces no tomaba en cuenta lo profundo del pasaje bíblico que ella me enseñaba, más bien me fastidiaba que quisiera que mis respuestas y conversaciones fueran siempre de un calibre santo. Hoy, ya madura entiendo profundamente su enseñanza y los buenos resultados de hablar palabras premeditadamente llenas del Señor. Es que nuestra forma de hablar, nuestros tonos y la musicalidad de nuestras palabras son nuestra carta de presentación. Sólo con un breve saludo quien nos escucha puede leernos.
Es que saber expresarse, decir lo que se piensa de manera clara y sencilla no siempre resulta fácil, más cuando quien nos escucha no está de acuerdo con nosotros.
Hay un cuento llamado “El eco” que quiero compartir. Trata de un muchacho que vivía en un bosque. Un día creyó escuchar la voz de otro chico lejos casi en el monte detrás de los árboles y entonces gritó bien fuerte-: ¡Hola! ¡Hola! y enseguida una voz le respondió -: ¡Hola! ¡Hola!
Entonces esperó que aquella voz le dijera algo más… y después de varios minutos se enojó por la falta de cortesía. El niño no sabía que la voz era su propio eco y entonces comenzó a gritar insultos y todo tipo de palabras despectivas, que eran contestadas inmediatamente.
Después de un rato, entró a su casa y le contó a la madre que había un muchacho muy malo en el bosque, que solo hablaba groserías y lo había insultado. La madre enseguida entendió el caso. Entonces le dijo que volviera al bosque y hablara bondadosamente para descubrir que le respondía aquel muchachito desconocido.
El chico salió de nuevo, hizo lo que su mamá y descubrió que sus palabras de cariño eran contestadas de la misma manera, y volvió feliz a contárselo a su mamá.
Me acerqué a ustedes en debilidad: con timidez y temblor. Y mi mensaje y mi predicación fueron muy sencillos. En lugar de usar discursos ingeniosos y persuasivos, confié solamente en el poder del Espíritu Santo.Lo hice así para que ustedes no confiaran en la sabiduría humana sino en el poder de Dios.Sin embargo, cuando estoy con creyentes maduros, sí hablo con palabras de sabiduría, pero no la clase de sabiduría que pertenece a este mundo o a los gobernantes de este mundo, quienes pronto son olvidados.
1° Corintios 2: 3-6 NTV
Las palabras nos acercan o nos separan, edifican o desgarran, son puentes que unen o puentes rotos.
¿Cómo fueron tus conversaciones los últimos 2 o 3 días? ¿Te acordás la intención, el enfoque y cómo fueron tus conversaciones?
Te invito a hacer una auto evaluación que te ayuda a repensar tu manera de expresarte. Del 1 al 10 clasifica tus palabras… sin hacerte trampas
Mis palabras edifican…
Mis palabras confunden…
Mis palabras son claras…
Mis palabras siembran dudas…
Mis palabras enfocan y guían…
Ruth O. Herrera
