Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
Mateo 22: 37-39 RV1960
(Énfasis del autor)
Jesús tenía “sus prójimos y sus cercanos”, como vos y yo. Pasaba tiempo y dedicaba esfuerzo en sus discípulos, algunos dentro de los 12 más íntimos. Pero en su círculo cercano también había mujeres y hombres que colaboraban con él y con quienes compartía su tiempo.
Lo que caracterizó las relaciones personales de Jesús es que para compartir su vida con sus cercanos los llevó a transitar toda clase de relación con otras personas.
Cuando Jesús estaba por partir en la barca, el hombre que había tenido los demonios le rogaba que le permitiera acompañarlo. Pero Jesús no se lo permitió y le dijo: —Ve a tu casa y cuéntale a tu gente lo que el Señor ha hecho por ti, y cómo te ha tenido compasión.
Marcos 5: 18-19 PDT
Todas sus relaciones estaban atravesadas por su causa, necesitaba a los muy íntimos y a otros, a quienes también amó, pero no los convocó a seguirlo por causa del evangelio.
En esto llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, que al ver a Jesús se echó a sus pies y le rogó mucho, diciéndole: —Mi hija se está muriendo; ven a poner tus manos sobre ella, para que sane y viva. Jesús fue con él, y mucha gente lo acompañaba apretujándose a su alrededor.
Marcos 5: 22-24 DHH
(Énfasis del autor)
La mayor parte del tiempo se dedicó a su prójimo, personas que lo seguían por necesidad y hasta por curiosidad. Sin duda eran miles, y muchos eran seguidores anónimos, pero no por eso menos importantes. Hasta los niños disponían de su tiempo e interés.
Llevaron unos niños a Jesús, para que los tocara; pero los discípulos comenzaron a reprender a quienes los llevaban. Jesús, viendo esto, se enojó y les dijo: —Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan…
Marcos 10: 13-14b DHH
(Énfasis del autor)
Para Jesús su prójimo era su mayor muestra de amor porque con sus amigos elegidos seguramente disfrutaba estar, pero con “los extraños” se detenía, los veía y con sus acciones los declaraba “sus prójimos”. A ellos los amó como a sí mismo.
Él nos enseño que las relaciones personales son más importantes que las tareas.
Cuando amamos a nuestro prójimo, estamos extendiendo la gracia que hemos recibido. Es tiempo de detenernos por los extraños. Parar por los desconocidos. Buscar a nuestros prójimos.
Padre, ayúdanos a ver a nuestros prójimos con tus ojos llenos de amor. Inspiranos para ser instrumentos de tu gracia y compasión en este mundo. Que nuestro amor por los demás sea un testimonio de tu amor eterno.
Ruth O. Herrera
