¿Cálidos o Acalorados?

Jesús entró en el templo y comenzó a echar a todos los que compraban y vendían animales para el sacrificio. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas.  Les dijo: «Las Escrituras declaran: “Mi templo será llamado casa de oración”, ¡pero ustedes lo han convertido en una cueva de ladrones!».

Los ciegos y los cojos se acercaron a Jesús en el templo y él los sanó.  Los principales sacerdotes y los maestros de la ley religiosa vieron esos milagros maravillosos y oyeron que hasta los niños en el templo gritaban: «Alaben a Dios por el Hijo de David».

Mateo 21: 12-15

La diferencia entre ser cálidos y amables o acalorados e irritables a veces depende solo de un minuto, el tiempo suficiente para cambiar de estado emocional en la mayoría de las personas.

Jesús era capaz de alzar con dulzura a los niños sobre sus piernas y también de gritar y enojarse con los que no mostraban compasión.

La diferencia entre estos estados de ánimo siempre tenía un sentido de amor y justicia, y eran absolutamente justificados y oportunos. Ser alguien lleno de gracia y misericordia, no es lo mismo que ser indiferente y de carácter débil.

Pensando en mi propia vida, mi forma de relacionarme y en cómo enfrentar situaciones extremas y buscar dirección de Dios; llegué hasta el pasaje anterior, y encontré en un mismo párrafo a un Jesús extraordinario.

En un mismo día, en el mismo lugar y rodeado casi de la misma gente, Él fue enfático, decidido y de carácter fuerte, e inmediatamente cálido, sensible y sanador.

El siguiente párrafo que quiero compartir está tomado del sitio: “got Questions?.org”


1) “Su ira tenía una motivación apropiada. En otras palabras; Él estaba enojado por las razones correctas. La ira de Jesús no surgió de los argumentos estériles o desprecios personales que tantas veces dirigían contra Él. No había egoísmo involucrado.


2) Su ira tenía el enfoque apropiado. Él no estaba enojado con Dios o con la “debilidad” de otros. Su ira estaba dirigida al comportamiento pecaminoso y la verdadera injusticia.

3) Su ira tenía la justificación apropiada. Marcos 3:5 dice que Su ira fue provocada por el dolor ante la falta de fe de los fariseos. La ira de Jesús provenía del amor por los fariseos y la preocupación por su condición espiritual. No tenía nada que ver con el odio o la mala voluntad.

4) Su ira tenía el control apropiado. Jesús jamás actuó fuera de control, aún en Su ira. A los líderes del templo no les agradó su limpieza del templo (Lucas 19:47), pero Él no había hecho nada pecaminoso. Él controlaba Sus emociones; Sus emociones no lo controlaban a Él.

5) Su ira tenía la duración apropiada. Él no permitió que su ira se tornara en amargura; Él no guardaba rencor. Él trataba apropiadamente cada situación, y limitaba Su enojo al tiempo justo.


6) Su ira tenía un resultado apropiado. La ira de Jesús tenía la inevitable consecuencia de una acción santa. La ira de Jesús, al igual que todas Sus emociones, estaba controlada por la Palabra de Dios; así, la respuesta de Jesús cumplía con la voluntad de Dios.”

El ser equilibrados entre nuestra tranquilidad y mantener nuestras convicciones a veces parece ser difícil de sostener. Pero ser firme no es sinónimo de enojo y en ciertas circunstancias puede ser todo un arte. Todos tenemos alguna vez motivos justos para enojarnos. La Biblia desde el principio muestra muchos casos de hombres enojados injustamente que cayeron en errores tremendos como Caín o Saúl, y otros que llegaron a la ira agotados de buscar el bien como le sucedió a Moisés.

En tiempos de mucha ira como los que hoy vivimos, debemos lograr en el Señor el equilibrio del que escribió el apóstol Pablo…

 Si se enojan, no pequen; que el enojo no les dure todo el día. No le den oportunidad al diablo.

Efesios 4: 26-27 DHH

Y vos ¿Pasás rápidamente de ser cálido a estar acalorado?

Ruth O. Herrera