Ustedes se lamentarán, pero su dolor se convertirá de pronto en una alegría maravillosa. Será como una mujer que sufre dolores de parto, pero cuando nace su hijo, su angustia se transforma en alegría, porque ha traído una nueva vida al mundo.
Juan 16: 20b-21 NTV
(Énfasis del autor)
La promesa de Jesús nos anima a mirar más allá de las circunstancias actuales y a confiar en que Él está obrando algo hermoso en medio de nuestras pruebas presentes y pasadas.
A medida que lees sobre la promesa de Jesús quizás puedas recordar testimonios de personas que experimentaron esta transformación de tristeza en gozo en las circunstancias más difíciles. Yo sí, y hoy son de gran aliento para mí. Personas que inspiran fe… y quiero también serlo para otros.
Todos llevamos cicatrices del pasado, ya sean causadas por decisiones equivocadas, pérdidas profundas o relaciones rotas. La promesa de Jesús nos ofrece la esperanza de que estas heridas pueden ser sanadas y transformadas en fuentes de gozo.
Jesús con su sacrificio redimió nuestro pasado, sana nuestro presente y da propósito a nuestro futuro.
Como nuestro Sanador su amor y gracia actúan como un bálsamo que penetra en lo profundo de las áreas más doloridas de nuestras vidas. Podemos seguir experimentando un nuevo consuelo y restauración aun en lo que todavía nos duele o seguimos recordando sin paz. La promesa de Jesús no solo implica sanidad, sino también liberación.
En el proceso de entregarle conscientemente nuestro pasado (lo bueno y lo malo) comienza a restaurar las raíces que dan frutos amargos, las heridas que no terminaron de cicatrizar, y nos da la libertad de dejar atrás esas cargas.
“Vengan a mí, todos los que están fatigados y cargados, y yo los haré descansar. Lleven mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para su alma. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”.
Mateo 11:28-30 RVC 2015
(Énfasis del autor)
Su ofrecimiento es que le entreguemos las cargas del pasado y avancemos hacia un futuro lleno de esperanza y gozo en su plan.
Dios, por su Gracia, puede redimir incluso las experiencias más dolorosas. Aquello que nos causó tristeza puede convertirse en una fuente de testimonio, revelando el poder transformador de la gracia de Dios. Nos capacita para confíar en el futuro
con expectativa y al mismo tiempo alentar a otros.
No estás limitado/a por tus experiencias anteriores porque el Espíritu Santo te guía en la promesa de Jesús de una vida renovada y plena.
Si estás dispuesto/a a dejar al Espíritu Santo irrumpir en tus recuerdos y sanarlos Dios puede provocar a través tuyo muchas otras sanidades.
Te invito a seguir mañana buscando juntos su sanidad
Ruth O. Herrera
