Después de esto, el Señor escogió también a otros setenta y dos, y los mandó de dos en dos delante de él, a todos los pueblos y lugares a donde tenía que ir.Les dijo: “Ciertamente la cosecha es mucha, pero los trabajadores son pocos. Por eso, pidan ustedes al Dueño de la cosecha que mande trabajadores a recogerla”.
Lucas 10:1-4 (DHH)
El Señor recorría distintos lugares, imagínense, en ese momento no había redes sociales, no había teléfono, ni radio, ni televisión. El contacto era personal, cara a cara.
En algunos pasajes de la Escritura dice que había una multitud que se reunía para escucharlo y Él hablaba, pero no trascendía de ese lugar determinado. No había otra manera, entonces el trabajo era ir pueblo por pueblo
Pero ¿qué pasaba? Una sola persona por más que fuera de un pueblo a otro era muy limitado el alcance que tenía, entonces el Señor empieza a gestar una estrategia, elige a 12 de sus discípulos para enviarlos a predicar su mensaje y luego a los 72.
Jesús empezó a enviarlos porque necesitaba poder ampliar el alcance de Su mensaje. ¿Por qué? Porque Él veía lo que nosotros a veces no vemos.
Pastor Gabriel Nonini
Hay distintas miradas de las situaciones de acuerdo a la personalidad de cada uno, pero también de acuerdo al estudio, al entrenamiento que hayamos recibido, a la experiencia que tengamos, o aun al conocimiento intuitivo que es fruto de una relación íntima.
Te cuento un ejemplo personal: Mi mamá, como la mayoría de las mujeres de su generación no tuvo la oportunidad de estudiar. Solo llegó a cursar segundo grado, leía y escribía, era muy inteligente, pero su familia no tenía recursos y ella tuvo que ayudar en los quehaceres y además cuidar sus hermanitos más pequeños, mi abuelo dejó a mi abuela con 10 hijos a cargo… Recuerdo una época de mi vida, que duró muchos años, en que tenía un trabajo bien remunerado pero muy estresante, llegaba todos los días agotada mental y emocionalmente, y como nunca pude disimular ante ella mis estados de ánimo apenas entraba en casa ella me miraba y decía: “No estás bien, ¿qué pasó hoy?”. Era inútil tratar de poner excusas, ella insistía suave pero firme hasta que le contaba lo que me preocupaba o entristecía.
¿De dónde sacaba ella este conocimiento? ¿Intuición femenina? ¿Instinto maternal? No. Simplemente se dedicaba a observarme porque me amaba y quería siempre ofrecerme lo mejor, no solo una rica comida y los cuidados elementales sino también su escucha, sus consejos y aun sus silencios oportunos.
Ella me miraba de una forma diferente, veía lo que todos los demás no podían ver. Esa capacidad de observación aguda se extendía hacia los que me rodeaban.
Muchas veces me dijo: Esta persona no me gusta, no confíes en ella. A veces le creí, otras veces no… el tiempo me demostró que siempre tuvo razón. Hubiera evitado muchas decepciones si hubiera tomado en cuenta su opinión.
Entonces Jesús explicó: «Les digo la verdad, el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta; solo hace lo que ve que el Padre hace. Todo lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo
Juan 5: 19 NTV
Jesús hacia lo que veía hacer al Padre, pasaba mucho tiempo en oración con su Papá y en esos momentos Dios le transmitía los diseños del cielo. Su Padre tenía una mirada del mundo y El Maestro la recibía de primera mano, por eso tenía claro cuál era su objetivo, desarrollaba su ministerio.
Recorría las aldeas, enseñaba, sanaba y obraba de acuerdo a lo que su Padre le había indicado. Esto significaba saber a quién elegía, a quién no, a qué aldea iba, qué tenía que hacer, con quién tenía que detenerse a hablar y con quién no.
Hoy te invito a hacerte algunas preguntas: ¿Cuál es el objetivo de tu vida? ¿Lo pusiste vos? ¿Qué diseño, qué “mirada” te guía y te enfoca? porque Dios tiene un objetivo para nosotros y nos invita a ir hacia él. Él tiene su propia mirada sobre las personas y las situaciones. Así como Jesús envío detalladamente a sus seguidores a predicar el evangelio, hoy Dios quiere que conozcas los detalles que diseñó para vos
Mónica Lemos
