Cambios que liberan

Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Juan 8:32

El cambio que Dios obra en nosotros no es para limitarnos, sino para liberarnos. Muchas veces, estamos atrapados en patrones de pensamiento o comportamiento que nos impiden vivir en plenitud. Pero cuando permitimos que la verdad de Dios transforme nuestras vidas, experimentamos una libertad que solo Él puede dar.

Jesús le dijo: —Ve a llamar a tu marido y vuelve acá. La mujer le contestó:—No tengo marido.

Jesús le dijo: —Bien dices que no tienes marido;  porque has tenido cinco maridos, y el que ahora tienes no es tu marido. Es cierto lo que has dicho.

Juan 4: 16-18  DHH

La mujer samaritana en el pozo es un ejemplo poderoso de cambio. Cuando se encontró con Jesús, ella estaba atrapada en una vida marcada por el rechazo y las malas decisiones. Pero al escuchar la verdad de Jesús, su vida cambió radicalmente. Hay algo que me llama mucho la atención y es la rapidez con la que habló de su vida y las malas decisiones que había tomado: “No tengo marido”… no mintió, aunque solo reconoció una parte. Y a la vez parece que estaba totalmente predispuesta al cambio, no se resistió. Tenía una sed interior por la verdad. ¿Cuántos aspectos de su vida tendría que modificar? Imagino que demasiados… La clave fue creer en Jesús, en su promesa, en quién era Él y lo que eso significaba.

Dejó su vasija y fue a compartir con otros lo que había experimentado. Volvió a la ciudad gritando: ¡Quiero cambiar y encontré quién va a ayudarme! No solo hay que tener el valor de hacer cambios, también hay que ser capaz de demostrarlos públicamente.

¿Quién se anima a decidir, al menos intentar, dejar de mentir y decirlo a los cuatro vientos? Hay cambios que requieren un riesgo mayor… Al encontrarse con Jesús la mujer fue libre de sus engaños, frustraciones, vergüenza, y creo que de amar por conveniencia.

Decidió públicamente confesar….

La mujer dejó su cántaro y se fue al pueblo, donde dijo a la gente:  —Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?

Seguramente no era un secreto, pero el decirlo y reconocerlo era fundamental para el cambio que comenzó ese día. Cuando permitimos que la verdad de Dios nos transforme, somos liberados para vivir en la plenitud de Su plan.

 

Ruth O. Herrera