Cambios

Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.  Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.  Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Lucas 19:8-10 RVR60

 

Tu vida puede cambiar porque no siempre sos lo que creés ser. A veces miramos a través de nuestro propio cristal. Generalmente vivimos la realidad y miramos a los otros de acuerdo a nuestro sentir del momento.

Tarde o temprano te vas a preguntar ¿Qué tengo que hacer con esta vida que me fue dada? Es una pregunta que debés resolver en distintas etapas de tu vida, porque cuando Dios te miró, como hizo con Zaqueo,  y te dijo que quería detenerse en tu casa, entonces te amó  y ya no podés ser el mismo.

¿Por qué? porque todos los acontecimientos de tu vida se van a resumir en el propósito que Dios tiene con vos y los tuyos.

 

Muchas veces cuando estamos en casa no entendemos que nuestro hogar es un verdadero templo. Cuando Jesús entra a nuestro templo entonces tiene que suceder algo maravilloso, tenemos inspiración o revelación de que hay una herencia maldita que cortar y hay un legado que crear. Ese es el hogar. Cuando uno toma autoridad en el nombre de Jesús porque sabe que es amado, rescatado,  llevado de las tinieblas a la luz y se planta es cuando dice: este hogar es tuyo y en el nombre de Jesús las cosas pueden cambiar.

Pastor Hugo Herrera

 

El cobrador de impuestos solo quería ver al Señor. Y, como era odiado por la gente, no podía mezclarse con la multitud. Arriba de un árbol tenía un panorama privilegiado y nadie podía molestarlo.

Si intentó pasar inadvertido, no le salió bien. Jesús no solo lo llamó por su nombre, ¿Cómo lo sabía?, sino que además se auto invitó a cenar.  Zaqueo recibió a Jesús en su casa y el cambio sucedió sin que el Señor le hiciera ningún tipo de demanda.

 

La relación con el Maestro produjo el milagro. Sí.

¿No te parece un milagro que alguien que se dedica a recaudar dinero de forma despiadada de repente ofrezca regalar la mitad de su fortuna a los pobres?  Y por si eso fuera poco, también aseguró que devolvería lo que había cobrado de más multiplicado por cuatro.

Es probable que toda esa ciudad fuera transformada económicamente… justicia social con todas las letras, de parte de la persona menos pensada.

 

A continuación te propongo hacer un contraste con otra historia conocida. Seguramente escuchaste hablar del joven rico que se acercó al Maestro para preguntarle qué debía hacer para tener vida eterna… ahí se produjo un breve diálogo y Jesús en ese caso sí presentó una demanda. El joven no estaba dispuesto a cumplirla y se fue triste.

Cristo respetó tanto la libertad del cobrador de impuestos como la del joven religioso. Sin embargo, el resultado fue diferente.

 

El endurecido Zaqueo, que se había enriquecido cobrando impuestos,  se sintió tan honrado porque Jesús hubiera elegido comer con él que su espíritu respondió de inmediato. Conocía la Ley. En caso de robo no violento, si el reo confesaba y voluntariamente ofrecía restituir tenía que devolver el valor de lo sustraído más un 20 %. Sin embargo, él estuvo dispuesto a devolver cuatro veces más.

 

El joven rico que cumplía todas las ordenanzas desde siempre no quiso desprenderse de sus riquezas. …Los dos tuvieron un encuentro con el Señor.

 

Muchas veces el arrepentimiento y el cambio surgen de quien menos esperamos. La generosidad también. ¿Alguna vez te preguntaste cuán diferente sería nuestra sociedad si los que conocemos al Señor viviéramos como Él dice y no como la sociedad propone?

Es una pregunta que me confronta. Nuestro país atraviesa otra de sus innumerables crisis. ¿Cuál será la respuesta que Cristo espera de nosotros, su iglesia?

 

Vos y yo debemos no solo orar por Argentina sino preguntarnos una y otra vez de qué manera vivimos nuestros días y cómo podemos contribuir a que nuestra tierra sea sanada.

Un solo hombre redujo la pobreza en Jericó…

 

Mónica Lemos