Para terminar, hermanos, deseo que vivan felices y que busquen la perfección en su vida. Anímense y vivan en armonía y paz; y el Dios de amor y de paz estará con ustedes. Salúdense los unos a los otros con un beso santo. Todos los hermanos en la fe les mandan saludos.
Que la gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo estén con todos ustedes.
2° Corintios 13:11- 13 DHH
Pablo nos muestra que un hombre dependiendo enteramente del Señor y completamente entregado a Él, pudo llevar el evangelio al mundo conocido de entonces. Fue capaz de dialogar con personas sencillas, pero también de disertar junto a grandes eruditos. Utilizó toda su formación intelectual con un solo objetivo: llevar a los hombres al conocimiento de Cristo e hizo todo para lograrlo, a tal punto que decía: “… me he hecho igual a todos, para de alguna manera poder salvar a algunos”. (1 Corintios 9:22b PDT)
Aunque los tiempos son diferentes, la necesidad del ser humano sigue siendo la misma, encontrar su verdadera identidad en Aquel que lo creó para Sí. A eso somos llamados y también tocados por el poder de un Cristo victorioso que nos sigue desafiando a perfeccionarnos.
Nuestro desafío es persistir en nuestra comunión con Él sabiendo que hará lo que se propuso con Su iglesia en este lugar.
No es cuestión de cantidad de personas ni de recursos, de hecho, Jesús nunca dijo “cuántos” sino “quiénes”; “si alguno quiere seguirme…” “quien de ustedes…”, porque sus enseñanzas y ministerio fueron absolutamente personalizados. El Señor amó tanto a las personas que su sensibilidad podía distinguir el toque de su manto hecho por una mujer anónima en medio de una multitud que lo apretujaba.
“… tened gozo, perfeccionaos, consolaos, sed de un mismo sentir…”. (2o Corintios 13:11a RVR60)
Nuestro reto es “perfeccionarnos”. El Señor quiere que, progresivamente, como iglesia sigamos descubriendo que todo lo que necesitamos para servirlo se encuentra en la comunión íntima con Él. No quiere decir que ya lo alcanzamos… sino ir experimentando la dependencia plena en el Señor. Cristo sigue trabajando para perfeccionarnos.
Consuélense: en momentos de dificultad, La Casa del Padre “es el lugar para encontrarnos con el abrazo de Papá”. Seamos agentes de consuelo y contención, manifestemos la esperanza de manera que alcancemos a los tristes y necesitados.
Sean de un mismo sentir: Esto solo lo puede dar el Espíritu de Dios, que unifica los sentires individuales en pos de la visión que da para la iglesia.
Ruth O. Herrera
