Casa de Dios

En Cristo, todo el edificio va levantándose en todas y cada una de sus partes, hasta llegar a ser, en el Señor, un templo santo. En él también ustedes se unen todos entre sí para llegar a ser un templo en el cual Dios vive por medio de su Espíritu

Efesios 2:21 y 22 DHH

La iglesia es el lugar donde uno debería venir con todas sus cargas y poder relajarse porque es el lugar donde el Señor está haciendo obra y nosotros deberíamos ser la iglesia que también sale a buscar al que lo necesita.

Cuando mirás a los que tenés cerca y los conocés un poco más a veces se hace difícil ver a Dios y reconocer autoridad de Dios en personas en las que, a pesar de que han hecho cosas bien y no hay pecado, no les va bien. Porque a veces hasta somos duros en eso y decimos “esto no te sale porque seguramente hay pecado ¿Por qué no revisás tu vida?” eso es lo más fácil de decir, pero a menudo es lo que menos compromiso trae.

Cuando logramos habilitar a la persona nos damos cuenta de que es alguien que a pesar de haber buscado, de haber sido obediente, a pesar de… vive en esta tierra como cualquiera de nosotros y en ocasiones las cosas no funcionan como deseamos y el transitar y el esperar que la obra del Señor se manifieste genera situaciones donde Él se va a gloriar, pero que en el momento en que las vivimos son duras.

A veces miramos familias y decimos “Mirá este, mirá aquel, estos eran tan buenos y ahora están tan mal” y enseguida juzgamos. La iglesia que el Señor necesita en este tiempo es una iglesia que no juzga, que puede ir más allá de las frustraciones personales, que no traslada esas frustraciones personales hacia los demás, sino que ama de forma incondicional, lo cual no significa que nos da lo mismo el pecado, significa que acepto que puede suceder que aun cuando busco a Dios las cosas igual no salen bien y es ahí donde necesito una iglesia que me sostenga. Vos necesitás una iglesia que te sostenga, pero para que eso suceda tenés que ser parte, vos tenés que sostener a otros porque ¿Por qué voy a pretender que el otro empiece?

Pastor Cristian Centeno

Este es un tiempo donde la noción de permanencia también está en crisis. Las personas ya no planean su futuro pensando en vivir toda la vida en una ciudad o país. El lugar donde vivimos o en el que trabajamos puede variar de un momento para otro, muchas veces sin que lo elijamos así.

Nada es seguro ni estable. Los jóvenes lo saben y lo tienen muy asimilado. A esta generación muchas veces se la llama los “ciudadanos del mundo” van y vienen de un lugar a otro y lo viven con normalidad, como una aventura que les permite conocer distintos países y culturas ¡Eso es bueno! Pero la contrapartida es la falta de compromiso ya sea laboral, familiar y aun sentimental. Los cristianos no somos ajenos a esa realidad que ya está definitivamente instalada, y por eso es común observar a los llamados “nómades espirituales” que recorren distintas congregaciones en busca de una experiencia que los hará sentir satisfechos y, cuando no la obtienen, corren hacia otra comunidad que les ofrece algo nuevo, llamativo y aparentemente superador, aunque siempre existe la posibilidad de volver acumular más desilusión y desamparo.

Digámoslo claramente: Toda congregación tiene carencias y fallas, porque está formada por personas falibles y rotas a quien el Señor ha mostrado compasión y misericordia y las ha colocado en una comunidad determinada. Si esperamos encontrar la iglesia perfecta, no nos congregaremos jamás en ninguna. Jesús no dijo “Vengan a la iglesia los que están trabajados y cargados que ella los hará descansar” su invitación fue para que fuéramos a Él. La congregación, la Casa de Dios local es el ámbito donde aprendemos a relacionarnos como hermanos, a compartir alegrías y penas, a crecer juntos y a conocer mejor a nuestro Papá. Es el único espacio donde realmente hay lugar para todos.

Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos, Cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos, Rey mío y Dios mío. Bienaventurados los que habitan en tu casa; Perpetuamente te alabarán.

Salmo 84:3 y 4 (RVR60)

El Señor nos desafía a permanecer y trabajar en la comunidad donde Él nos puso y también quiere que contagiemos ese sentido de pertenencia a otros. Que superemos obstáculos y seamos familia

Mónica Lemos