Casa y hogar

Que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar.

1ª Reyes 8:29 RVR60

 

Tu hogar significa mucho más que el espacio físico que llamamos casa. Por ejemplo un lugar tan lindo como nuestro auditorio cobra vida gracias a ustedes, gracias a mí, gracias a nosotros.

Podés tener una casa muy linda, pero sin alma; podés tener una casa hermosa pero sin vida. Ustedes le dan vida a nuestro auditorio porque al reunirnos hay un tiempo consagrado y eso hace de este lugar algo consagrado. Lo sagrado tiene que ver con la presencia de Dios y la actitud o respuesta de nosotros.

Por eso cuando cantamos y consagramos nuestra vidas y al Señor como rey es cuando el Espíritu Santo se mueve en libertad.

 

Algo va a pasar en tu vida hoy al tomar tiempo y adorarlo. Aunque tengas problemas,  aunque sea por costumbre,  el hecho de abrir tu  boca y adorar provoca la Presencia de Dios.

Esto debiera pasar también en tu propia vida y también en  tu hogar.

Cristo quiere habitar en tu casa.

Hay una diferencia enorme cuando Jesús encuentra las puertas abiertas de tu vida y además las puertas abiertas de tu casa.

Pastor Hugo Herrera

 

El día veintitrés del mes séptimo Salomón envió al pueblo a sus hogares. Iban con el corazón alegre y gozoso por los beneficios que el Señor había hecho a David y a Salomón, y a su pueblo Israel.

2ª Crónicas 7:10 RVC

 

Hace varios años me invitaron a una casa a desayunar. Su dueña deseaba compartir un rato de charla y, además, mostrarme las refacciones que la familia había hecho.  Acepté con gusto.

La casa había quedado hermosa, pero la rigidez del ambiente era palpable, casi no podía moverme sin pensar que rompería algo.  No voy a  abundar en detalles, pero me sentí muy incómoda. Tuve la sensación de estar en un museo donde nada se podía mover ni tocar sin provocar un problema grave.

Ahora bien, no está mal tener la casa más hermosa y confortable que tus condiciones te permitan, pero sin dejar de lado esos detalles que la convierten en un hogar. Un lugar donde sus integrantes puedan disfrutar y sentirse cómodos.  

 

Jesús, de hecho, comía con todo tipo de personas, en todo tipo de casas, en algunas lujosas y en otras más modestas. Comió en la casa de Simón el fariseo, un hombre rico y también en la de Pedro, un sencillo pescador. Era habitual que cenara con la gente, porque alrededor de la mesa podían darse charlas informales en las cuales el Señor impartía verdades que transformaban vidas.

 

El último libro de la Biblia menciona este deseo de Cristo de compartir con cualquiera que quiera invitarlo.

 

Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré, y cenaré con él, y él conmigo.

Apocalipsis 3:20 NVI

(Énfasis del autor)

 

Sin dudas, este fue su estilo durante todo su ministerio terrenal. Nunca cuantificó, no masificó. Su invitación siempre fue “si alguno quiere seguirme” “si alguno oye mi voz”. Cualquiera. La única condición es oír su voz y abrir la puerta.

 

El Señor puede convertir una casa en hogar. Si estamos dispuestos, Su presencia dará nueva vida a sus integrantes y como consecuencia transformará la atmósfera del lugar.

 

Mónica Lemos