Clamá. Dios actuará a tu favor

Luego el Señor le dijo: Ciertamente he visto la opresión que sufre mi pueblo en Egipto. He oído sus gritos de angustia a causa de la crueldad de sus capataces. Estoy al tanto de sus sufrimientosPor eso he descendido para rescatarlos del poder de los egipcios, sacarlos de Egipto y llevarlos a una tierra fértil y espaciosa. Es una tierra donde fluyen la leche y la miel, la tierra donde actualmente habitan los cananeos, los hititas, los amorreos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos.  ¡Mira! El clamor de los israelitas me ha llegado y he visto con cuánta crueldad abusan de ellos los egipcios.  Ahora ve, porque te envío al faraón. Tú vas a sacar de Egipto a mi pueblo Israel.

Éxodo 3: 7-10 NTV

(Énfasis del autor)

 

Hace unas semanas escuchaba a un predicador decir que en estos tiempos hemos reemplazado el evangelio de la prosperidad por el evangelio de la positividad. Todo tiene que estar bien. Todos tenemos que estar siempre felices, caso contrario nos quedaremos solos. Hizo algunos comentarios graciosos al respecto, que paradójicamente producen tristeza si se los analiza un poco.

 

Sin querer, a veces se le enseña al cristiano a responder con frases prefabricadas que no necesariamente son reales en su vida. Por ejemplo, cuando alguien pregunta ¿cómo estás? la respuesta suele ser “bendecido y en victoria”. Si esa es la realidad, ¡fantástico! Pero muchas veces la vida de la persona está casi en ruinas y responde automáticamente lo que se espera de él, porque si no lo hace, tal vez tenga que escuchar un mini sermón acerca de la importancia de mantener una actitud positiva o un “estaré orando” dicho a las apuradas porque “nadie quiere estar con alguien que se queja”. ¿Escuchaste alguna vez esta frase?

 

Nos guste o no, es verdad: Un estilo de vida quejumbroso aleja a los demás. Sin embargo, cuando se vive una temporada de dificultades, lo normal es quejarse.

El tema es ¿a quién nos quejamos? Esa es la verdadera clave, la que puede darnos salud.

 

La Biblia menciona muchas veces historias de personas que la estaban pasando mal y se quejaron, gritaron de angustia, lloraron y le contaron a Dios todos sus pesares. Vaciaron su corazón delante del Único que podía escucharlos sin juzgarlos, sin obligarlos a fingir que todo estaba bien, sin decretar optimismo superficial y que además, les haría justicia. ¡Ellos clamaron!

 

La palabra clamar significa: Exigir, quejarse, dar voces lastimosas pidiendo favor o ayuda. (Diccionario de la lengua española)

El texto que menciono al principio está en el libro de Éxodo y corresponde al llamamiento de Moisés. Prestá atención a las palabras que Dios dice:

  • He visto la opresión que sufre mi pueblo.
  • He oído sus gritos de angustia.
  • Estoy al tanto de sus sufrimientos.
  • El clamor de los israelitas me ha llegado.
  • He descendido para rescatarlos…

 

Su pueblo estaba sufriendo injusticias, opresión, crueldad y abusos y por supuesto que lo lógico era que se quejaran. Y Dios no era indiferente. El sufrimiento que soportaron durante muchos años y su clamor, sus quejas ante el Creador dieron a luz el obrar del Todopoderoso a su favor y el nacimiento de una nación libre.

 

Dios vio, escuchó y actuó. En este caso puntual, a través de Moisés; en otros casos intervino directamente y fue en auxilio de los suyos.

 

Lo importante no es no quejarse, sino dirigir tu queja, tu clamor a la persona que puede cambiar tu suerte. El Señor no te pide que finjas que todo está bien, ni que vivas en una especie de esquizofrenia espiritual sonriendo artificialmente mientras tu vida se derrumba en silencio.

 

La seguridad inconmovible del hijo de Dios es que Él está siempre atento a las necesidades de los que ama y dará la respuesta en el momento oportuno. Sus palabras son dignas de confianza.

 

Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos. Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias.

Salmo 34: 15 y 17 RVR60

 

Mónica Lemos