Así que hemos dejado de evaluar a otros desde el punto de vista humano. En un tiempo, pensábamos de Cristo solo desde un punto de vista humano. ¡Qué tan diferente lo conocemos ahora! Esto significa que todo el que pertenece a Cristo se ha convertido en una persona nueva. La vida antigua ha pasado; ¡una nueva vida ha comenzado!
2 Corintios 5.16 y 17 (NTV)
(Énfasis del autor)
Hay un dicho, atribuido a Oscar Wilde, que reza: “la primera impresión es la que cuenta”. Se refiere al hecho de que cuando vemos a alguien por primera vez nos cae bien o mal.
Esa sensación es inconsciente, instintiva, común a todos los seres humanos. Es tan importante, que las personas públicamente expuestas cuya función consiste en persuadir a otros (por ejemplo los políticos) contratan a especialistas que los entrenen y los asesoren en diversos aspectos: apariencia física, vestimenta, manera de hablar, forma de pararse e incluso comunicación no verbal, entre otros.
Todos evaluamos de acuerdo con criterios puramente humanos porque vemos lo que está delante de nuestros ojos, ponemos atención a lo visible. Es lógico, no podemos ver las intenciones del corazón, los pensamientos o las motivaciones profundas. Jesús sí. Por eso, más de una vez quienes lo veían actuar quedaban descolocados. Sus acciones, aparentemente, no tenían sentido. Le llevaban a un paralítico para que lo sanara y Él decía: “Tus pecados te son perdonados”; observaba a los que ofrendaban grandes cantidades de dinero en el templo y a una mujer que ponía solo dos moneditas y comentaba: “¿Vieron a esa viuda pobre? Les aseguro que ha dado más que todos los anteriores, porque puso todo lo que tenía”.
Pablo, muchos años después, se dirige a los corintios y afirma que los que pertenecen a Cristo han dejado de valorar a otros con criterios humanos. Es una decisión y también una gracia sobrenatural, porque significa renunciar a nuestras propias y limitadas percepciones y permitir que la vida del Señor en nosotros modifique nuestra mirada. Implica renuncia y entrenamiento; dependencia y desarrollo de hábitos en el Espíritu para percibir lo profundo detrás de lo aparente.
Algunos libros sobre liderazgo cristiano recomiendan que mentalmente califiquemos con un diez a aquellos a quienes lideramos. Es una técnica. Puede dar resultado, pero no es lo que Las Escrituras dicen. Jesús veía a las personas con amor, con compasión, con genuino interés. Pablo los reconocía como personas nuevas porque estaban en Cristo.
Cuando evaluamos a alguien, lo comparamos con el modelo que está instalado en nosotros. Y muchas veces eso genera competencia, celos o rivalidad. Si permitimos que el Espíritu nos revele Sus criterios, tal vez comencemos poco a poco a mirar como lo hace Dios que mira más allá de las apariencias, en realidad ve a Jesús en nosotros.
Mónica Lemos
