Como Papá

“Acompañando el estudio de las Redes de nuestra iglesia, desarrollemos juntos, también desde nuestros devocionales, esta parábola tremenda y llena de enseñanzas”.

Cuando los demás siervos vieron lo ocurrido, se entristecieron mucho y fueron a contarle a su señor todo lo que había sucedido.  Entonces el señor mandó llamar al siervo. “¡Siervo malvado! —le dijo—, te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste.  ¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?”.  Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía.» Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano».  

Mateo 18: 31- 35 (NVI)
(Énfasis del autor)

El desarrollo de la historia continúa. Los demás vieron lo que había ocurrido, se pusieron tristes y le contaron al rey lo que había pasado. Entonces ocurrió lo inevitable: el Señor mandó llamar al funcionario, lo confrontó con su exagerada reacción ante una deuda mínima y lo describió como “malvado” porque no se había compadecido de su compañero como el rey se compadeció de él. A continuación, lo mandó al calabozo hasta que él también pagara lo que debía.

En “Cristianismo y nada más”, C. S Lewis desarrolla la idea de que todos tenemos un sentido innato de justicia. Sabemos qué está bien y qué está mal. Cuando alguien transgrede esa regla y nos perjudica, apelamos a ese sentido. Su razonamiento es que esta ley proviene de Dios, no la hemos creado nosotros. Existe un trazo, un vestigio de lo verdadero en nuestro interior que nos hace reaccionar ante lo que moralmente no es correcto ni justo.

Recordé esta idea del libro cuando leí en la parábola la reacción de los compañeros del siervo (funcionario) no solo se entristecieron, sino que fueron a contarle al rey. ¡Era injusto y no iban a quedarse callados!  

Las injusticias por pequeñas que sean, duelen. Y el funcionario debió mostrar el mismo trato que él había recibido sin merecerlo.

Dios es justo. Esa es una verdad irrefutable. Pero la Palabra agrega lo siguiente: 

La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono; la misericordia y la verdad van delante de ti.

Salmo 89:14 (LBLA)

Cuando actuamos sin misericordia ante las ofensas (deudas) de otros, nos parecemos más al siervo malvado que a nuestro Padre.

En las relaciones que establecemos con nuestros hermanos y en nuestra vida diaria ¿podemos decir: “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores”?

Mateo 6:12 (RVC)

Esto solo es posible si primero oramos sinceramente “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo”.

Mateo 6:10 (RVC)

Nosotros ya hemos sido perdonados. Dios entregó a Cristo para que obtuviéramos ese perdón que nunca mereceríamos. Por eso, somos llamados no solo a perdonar, sino a perdonar de corazón.

 

Mónica Lemos