Sansón fue al pueblo de Timná, y al ver a una joven filistea se enamoró de ella. Cuando volvió, le dijo a sus padres: —He visto en Timná a una joven filistea, y quiero casarme con ella. Hagan ustedes los arreglos necesarios para la boda.
Jueces 14: 1-2 TLA
Sansón debía casarse, eso no estaba en discusión, pero que justo eligiera a una “enemiga” del pueblo fue una muy mala decisión. Los filisteos eran los archi enemigos, como si el príncipe encantado se casara con la malvada anciana que le dio la manzana a Blancanieves… para pensarlo de manera más amable.
Sus padres, entonces, le preguntaron: —¿Por qué tienes que elegir como esposa a una mujer de esos filisteos, que no conocen a Dios? ¿Es que no hay mujeres en nuestro pueblo o entre los demás pueblos israelitas? Pero Sansón insistió: —Esa muchacha es la que me gusta. Vayan a pedirla para que sea mi esposa.
Jueces 14: 3 TLA
Me imagino la expresión en la cara de sus padres que no solo no estaban de acuerdo, sino que además tuvieron que preparar una boda con toda la pompa. Era inconcebible que alguien a quien Dios eligió desde el vientre de su madre, un israelita nazareno, consagrado al Señor hiciera una alianza íntima con una adoradora de Dagón el dios de los cereales, el ídolo que protegía y daba fertilidad a los cultivos.
Sansón era muy enamoradizo, esa era su principal debilidad, por eso siguió adelante con sus planes aunque nada parecía indicar que esa mujer era dulce, amable y mucho menos íntegra.
Sus padres no creían que ese casamiento fuera adecuado para su hijo y, menos aún, que estuviera alineado al propósito de su vida, sin embargo fueron “cómplices” de sus planes, le siguieron la corriente porque él estaba decidido a seguir adelante.
Sus padres no sabían que Dios había dispuesto que esto fuera así, porque buscaba una oportunidad para atacar a los filisteos.
Jueces 14: 4a TLA
Dios permitió que Sansón siguiera sus propios pensamientos con el propósito de sacar algo bueno de su conducta.
De ninguna manera esta historia avala la falta de equilibrio y sensatez en nuestra vida, y está registrada para mostrar el poder de Dios en quienes se arrepienten de sus errores aun cuando estos sean groseros y totalmente desafortunados.
Cuídate de no beber vino ni ninguna otra bebida fuerte, ni tampoco comas nada impuro, porque concebirás y darás a luz un hijo. No pasará la navaja sobre su cabeza, porque el niño va a ser nazareo, consagrado a Dios desde antes de nacer. Él comenzará a librar a Israel del poder de los filisteos».
Jueces 13: 4-5 NVI
Dios había dado una promesa, se había comprometido con los padres del muchacho y mantuvo su palabra a pesar de Sansón. Esa promesa no solo afectaría a su familia, sino a todo el pueblo.
Nosotros también encontramos en la Biblia promesas que han comenzado cumplirse a partir de Jesucristo, nuestra esperanza gloriosa. Debemos elegir hacer planes, tomar decisiones y llevar adelante nuestras vidas de acuerdo con el plan de Dios, involucrados en aquello que nos habló cuando lo elegimos.
Muchas veces luchamos con nuestros gustos, deseos y conveniencias. Es muy normal hacer y después descubrir que Papá no tuvo ninguna oportunidad de opinar. Insistimos como Sansón, queremos cumplir nuestras aspiraciones al punto de hacer a Dios cómplice…
Los pensamientos de Papá son buenos y detallados para tu vida, sea cual sea tu edad todavía hay mucho que Él te tiene preparado. Hay batallas por luchar y ganar, hay tiempos de amores para disfrutar en Su Presencia, hay lágrimas que Él te quiere secar y risas que quiere escuchar. Aunque viviste meses en los que sentiste que el tiempo estaba detenido hay mucho por delante y muchos planes en los que más que tu “cómplice” Dios quiere ser quien diseñe cada uno de tus días.
Ruth O. Herrera
