Yo soy Nehemías hijo de Hacalías y ésta es mi historia. En el mes de Quislev, cuando Artajerjes llevaba veinte años de reinar, yo estaba en el palacio del rey en Susa. En ese momento llegó allí mi hermano Hananí con unos hombres que venían de Judá. Cuando les pregunté cómo estaba la ciudad de Jerusalén, y cómo estaban los judíos que no fueron llevados prisioneros a Babilonia, ellos me respondieron: «Los que se quedaron en Jerusalén tienen graves problemas y sienten una terrible vergüenza ante los demás pueblos. Los muros de protección de la ciudad están en ruinas, y sus portones fueron destruidos por el fuego».
Nehemías 1:1-3 (TLA)
La historia de Nehemías me encanta por varias razones. La primera de ellas es porque el Señor nos enseña que Él elige a personas comunes y corrientes para hacer cosas extraordinarias.
Si usted es alto, flaco, tiene una gran inteligencia, si se graduó de las mejores escuelas o ha tomado las mejores decisiones quiero decirle que si predica, canta, hace algo y lo hace muy bien Dios puede obrar a través de usted, pero Él se especializa en personas comunes y corrientes como usted y como yo.
Dios puede obrar con las personas más sabias e inteligentes pero su especialidad es asignar tareas extraordinarias a alguien o a un grupo de personas que son comunes y corrientes como Nehemías.
Lo segundo que me anima de la historia de Nehemías es que lideró a un grupo para trabajar en unidad. Por eso, juntos pudieron reconstruir los muros de la ciudad en cincuenta y dos días. Esa era una tarea que separados no pudieron hacer en más de ciento cuarenta años.
Creo que si nosotros sabemos quiénes somos en Cristo; si tenemos una visión clara y nos unimos podemos hacer cosas que no imaginamos. Y siento profundamente en mi corazón que esta congregación, este grupo de personas que son parte de una gran historia de fe, unida puede hacer cosas en mucho menos tiempo que lo que los pioneros y plantadores de esta iglesia tal vez soñaron algún día y no pudieron realizar.
Pastor Walter Angélica
Nehemías era alguien común que tenía un trabajo riesgoso. Vivía en la residencia veraniega del rey Artajerjes rodeado de lujos, pero era copero. Su tarea consistía en seleccionar y luego probar el vino y la comida del monarca antes que él. Si la bebida o los alimentos estaban envenenados el rey no sufría daño alguno, en cambio el copero podía morir. Imaginate, cada vez que Artajerjes quería beber algo ahí estaba Nehemías. Comía y bebía con el rey. Inevitablemente tenía que ser un hombre confiable, leal e insobornable.
Era un hombre que tenía muy en claro cuál era su identidad. Jamás había estado en Jerusalén, por lo tanto no conocía esa ciudad. Vivía en Babilonia y servía a un rey pagano, sin embargo su corazón pertenecía a otro Reino y su servicio estaba consagrado al Rey de los cielos.
Escúchame y atiende mi oración, pues soy tu servidor. Día y noche te he rogado por los israelitas, que también son tus servidores…
Nehemías 1: 6a (TLA)
(Énfasis del autor)
Su historia no menciona que tuviese ningún tipo de rango sacerdotal ni profético. Solo era alguien común, pero las Escrituras mencionan que la pregunta que le hizo a su hermano Hanani nacía de una genuina preocupación por sus compatriotas que no habían sido llevados al exilio. Ese fue el inicio de su liderazgo posterior.
En la actualidad es común ver liderazgos que no son sanos en gobiernos, empresas, religión y en cada espacio que necesite ser gobernado o administrado. La humanidad en general se ve afectada por la falta de honestidad y real preocupación por el prójimo. El deseo de poder es tendencia.
La iglesia del Señor también en esto puede marcar la diferencia. ¿De qué manera? Mostrando modelos bíblicos de liderazgo. Es un tiempo oportuno para seguir mostrando el evangelio con acciones. En un mundo alejado de Dios podemos sembrar paz en cada uno de nuestros espacios. En lugares donde reina la avaricia y la indiferencia podemos interesarnos genuinamente y ayudar al que necesita. Estas pequeñas acciones poco a poco pueden modificar la realidad, y cuando llegue el momento cada uno de los que integran nuestra congregación estará preparado para liderar de acuerdo a los propósitos divinos. Esa es tu tarea y también mi tarea. Si la hacemos bien, no importa el sitio que nos toque ocupar. La palabra “liderazgo” puede ser limpiada de todas las asociaciones negativas que los malos ejemplos le han adosado.
¿Creés que es posible? Podés empezar por tu casa, con los tuyos y luego continuar en la comunidad de fe.
Mónica Lemos
