Con la misma vara

(…) y perdona nuestros pecados como nosotros también perdonamos a los que nos han hecho mal.

Mateo 6: 12 PDT

(Énfasis del autor)

Con la misma vara… en simetría con nuestras acciones, así dice la oración del Padre Nuestro que Jesús enseñó. Podríamos decir también: si no perdono no me perdones. Pero eso es imposible porque Jesús dio su vida para otorgar perdón.

La semana anterior pensamos en las consecuencias de no hablar, no confesar, de ser honestos siempre, leales y ser restaurados. En la misma dirección quiero compartirte esta semana algunos pensamientos acerca de la necesidad de poder perdonar.

En el grupo de red que se reúne los viernes en nuestra iglesia, fuimos desafiadas y comprometidas a enfrentar la responsabilidad de perdonar. El Espíritu Santo habló claramente sobre el perdonar desde la perspectiva de ser imitadores de Cristo.

El perdón es una de las enseñanzas centrales de Jesús y un pilar del Evangelio. Desde el Sermón del Monte hasta la cruz, Jesús nos reveló que el perdón no es solo un acto de gracia, sino una necesidad espiritual para vivir en libertad y comunión con Dios y con los demás.

No hubo ni habrá un acto más profundo y real de perdón que el de Jesús en la cruz. No creo que lleguemos a entenderlo realmente, podemos emocionarnos al pensar o recordar la escena, pero ese amor tan restaurador solo se puede aceptar… no comprender realmente.

La muerte de Jesús fue totalmente injusta, por eso creo que perdonar es un acto injusto. ¿Por qué? El perdón se aplica a un hecho mal intencionado, que provoca dolor y heridas tanto físicas como emocionales. Perdonar a quien daño es injusto, a veces se siente como otra ofensa. Pero lo injusto se convierte en paz, descanso, salud…

Mis pecados y los tuyos son reales… tan reales como el perdón de Dios. Y al mismo tiempo es el resultado de la injusta muerte de Jesús. Por eso, al orar el Padre Nuestro, el Señor nos enfrenta con su infinito deseo de perdonarnos con nuestra decisión de no buscar justicia, sino desatar Gracia.

En este punto te dejo una pregunta para que busques en tu interior una respuesta real…

¿Soy consciente de la inmensa deuda de pecado que Dios me ha perdonado?

Ruth O. Herrera