Dios mío, tú eres mi luz y mi salvación; ¿de quién voy a tener miedo? Tú eres quien protege mi vida; ¡nadie me infunde temor! Cuando mis malvados enemigos me atacan y amenazan con destruirme, son ellos los que tropiezan, son ellos los que caen. Me puede atacar un ejército, pero yo no siento miedo; me pueden hacer la guerra, pero yo mantengo la calma.
Dios mío, sólo una cosa te pido, sólo una cosa deseo: déjame vivir en tu templo todos los días de mi vida, para contemplar tu hermosura y buscarte en oración.
Salmo 27: 1-4 TLA
Salmo de David
Hay quienes piensan que David redactó este salmo antes de subir al trono, y hay versiones que añaden: «antes de ser ungido». Pero David fue ungido tres veces: primero por Samuel cuando era niño; después el pueblo de Judá lo hizo en Hebrón, y por último el pueblo de Israel también lo ungió y coronó como rey.
Los judíos sostienen que lo escribió cuando ya era viejo, después de ser atacado en batalla por un gigante y defendido por Abisay quien salvó su vida.
Así que no se sabe con certeza cuándo lo escribió, pero David a lo largo de toda su vida experimentó muchos momentos críticos y pudo haberlo escrito en cualquiera de ellos.
Lo importante es que, en este salmo, expresa claramente los sentimientos con que los hijos de Dios acuden a su Padre, especialmente en tiempos de conflicto.
David fue un hombre de coraje, osado y desafiante, que disfrutó el placer de la comunión con Dios y de los beneficios de ser su ungido. Conoció Su favor y Su gracia y como resultado hoy podemos leer este salmo.
Un canto a la confianza, la certeza y la seguridad de conocer a Dios y creer en sus promesas.
Dios es para David:
- Su luz
- Su salvación
- Su fortaleza
- Su estratega
- Su general de batalla
- Su Confianza
Describe, como hombre de guerra, de qué manera se enfrentaba a sus enemigos: con una clara confianza. Y reconocía de quién realmente era la victoria. Es maravillosa la confianza que le provocaba estar cerca del Señor…
“solo quiero vivir en la casa del Señor y contemplarlo…, y el día que este en problemas sé que Él me esconderá en su casa”
David se anima y alienta a sí mismo, se desdobla y mirándose a sí mismo se dice: “Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová”. Es como si su propio corazón le estuviese hablando continuamente del mensaje del Señor y lo alentara a buscarlo.
En estos tiempos de tanta inseguridad y desánimo social, ¿Cuál es tu actitud cuando lo que vivís te supera? ¿Qué te decís a vos mismo/a?
La certeza de David puede ser la tuya si podés poner tu absoluta confianza en Dios y decirte…
Cuando vengan tiempos difíciles, tú me darás protección: me esconderás en tu templo, que es el lugar más seguro. Tú me darás la victoria sobre mis enemigos; yo, por mi parte, cantaré himnos en tu honor, y ofreceré en tu templo sacrificios de gratitud. Dios mío, te estoy llamando: ¡escúchame! Ten compasión de mí: ¡respóndeme! Una voz interna me dice: “¡Busca a Dios!” Por eso te busco, Dios mío. Yo estoy a tu servicio. No te escondas de mí. No me rechaces. ¡Tú eres mi ayuda!
Dios mío, no me dejes solo; no me abandones; ¡tú eres mi salvador! Mis padres podrán abandonarme, pero tú me adoptarás como hijo. Dios mío, por causa de mis enemigos dime cómo quieres que viva y llévame por el buen camino. No dejes que mis enemigos hagan conmigo lo que quieran. Falsos testigos se levantan, me acusan y me amenazan. ¡Pero yo sé que viviré para disfrutar de tu bondad junto con todo tu pueblo!
Por eso me armo de valor, y me digo a mí mismo: “Pon tu confianza en Dios. ¡Sí, pon tu confianza en él!”
Salmo 27: 5-14 TLA
Ruth O. Herrera
