Confianza y apoyo

Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas.

Proverbios 3:5 y 6 (RVC)

El Señor nos ha hecho únicos. Cada uno de nosotros tiene capacidades, virtudes y talentos naturales que están diseñados para que, junto a otros, podamos llevar a cabo Su propósito en la tierra. Y, por sobre todas las cosas, es fundamental ejercitarnos en depender de Dios todo el tiempo. Esta es una tarea difícil. La realidad nos muestra una y otra vez que la mayoría de las veces confiamos en nosotros mismos. Nos apresuramos a ponernos en marcha, echamos una ojeada a cómo nos fue en el pasado; nos dominan nuestras preferencias, prejuicios o estados de ánimo. Por eso, aunque los resultados sean buenos, no siempre están impregnados del obrar divino.

Empezamos confiando en Dios y de pronto, nos apoyamos en aquello que antes nos dio resultado o tomamos una decisión importante cuando estamos enojados o cansados.

Podemos tener éxito sin estar necesariamente en el centro de la voluntad de Dios para nosotros. La diferencia está en que cuando lo que hacemos sale bien, no somos conscientes de que actuamos por inercia, por celos o por ira. Sin ir más lejos, esto le pasó a Moisés.

—Adelántate al pueblo —le aconsejó el SEÑOR— y llévate contigo a algunos jefes de Israel, pero lleva también la vara con que golpeaste el Nilo. Ponte en marcha, que yo estaré esperándote junto a la roca que está en Horeb. Dale un golpe a la roca, y de ella brotará agua para que beba el pueblo. Así lo hizo Moisés, a la vista de los jefes de Israel.

Éxodo 17:5 y 6 (NVI)

(Énfasis del autor)

Veamos ahora la misma situación, en otro contexto. Dios le había dado una orden y Moisés no la cumplió, no obstante tuvo éxito.

Y el SEÑOR dijo a Moisés: «Toma la vara y reúne a la asamblea. En presencia de esta, tú y tu hermano ordenarán a la roca que dé agua. Así harán que de ella brote agua, y darán de beber a la asamblea y a su ganado». Tal como el SEÑOR se lo había ordenado, Moisés tomó la vara que estaba ante el SEÑOR. Luego Moisés y Aarón reunieron a la asamblea frente a la roca, y Moisés dijo: «¡Escuchen, rebeldes! ¿Acaso tenemos que sacarles agua de esta roca?». Dicho esto, levantó la mano y dos veces golpeó la roca con la vara, y brotó agua en abundancia, de la cual bebieron la asamblea y su ganado.

Números 20:7-11 (NVI)

(Énfasis del autor)

Más allá de los resultados, nuestra confianza y nuestro apoyo siempre deben estar puestos en Papá.

“No te apoyes en tu propia prudencia” porque tus emociones son variables. En un momento de tensión, la prudencia puede huir de vos.

Él no cambia. Si lo reconocemos en todos nuestros caminos, Su promesa es que Él enderezará nuestras veredas.

 Mónica Lemos