Cortante como una espada

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Hebreos 4:12 (RVR60)

(Énfasis del autor)

 

La expresión “espada de dos filos” suena un poco extraña para nosotros, pero las usaban las legiones romanas en el tiempo en que las batallas se libraban cuerpo a cuerpo. Eran las más eficaces para realizar ataques rápidos y tenían gran capacidad de producir daño. El guerrero no tenía que preocuparse por girar la espada  de acuerdo a la posición en que estaba ni estar pendiente del arma para saber de qué lado cortaba. Esto le permitía centrar toda su atención en el contrincante y ganar el combate.

 

En el texto se describe a la Escritura como un arma contundente.  La espada de dos filos era conocida por los destinatarios del mensaje. De hecho, en la carta de Pablo a los efesios se menciona con todo detalle la armadura espiritual que Dios provee al cristiano para enfrentar la lucha que tiene con el enemigo.

Algunos estudiosos de la Palabra creen que Pablo escribió este pasaje mientras observaba de cerca la vestimenta de los soldados romanos que lo vigilaban por turnos día y noche cuando estaba preso.

 

Pónganse toda la armadura de Dios para que puedan hacer frente a las artimañas del diablo.  Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales.  Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza.  Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia,  y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz.  Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno.  Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.

Efesios 6:11-17 (NVI)

(Énfasis del autor)

 

La palabra  que se traduce como lucha aparece solamente aquí en el Nuevo Testamento. Significa un combate cuerpo a cuerpo que no termina hasta que uno de los combatientes esté vencido o herido mortalmente.

 

Para estar preparados para esta lucha necesitamos tener la vestimenta adecuada, en este caso es una armadura. De todas las partes que la componen, el único instrumento que sirve para atacar, para defenderse  y luego contraatacar es la espada que el Espíritu provee, La palabra de Dios.

Jesús la usó y dejó fuera de combate al enemigo cada vez que este intentó pervertir su propósito en la tierra.

Algo que algunas veces podemos pasar por alto cuando leemos ese texto es que Pablo da todas las instrucciones en plural. ¿Por qué? Porque le escribe a la iglesia, no al cristiano individual. Su mente no concibe la imagen del soldado solitario que no pertenece a ningún cuerpo de combate.

 

La iglesia es ese ejército imbatible, preparado y entrenado porque obtiene toda su fuerza del poder de Dios para encarar la lucha y ganar. No hay un solo detalle librado al azar. La contienda es espiritual, la vestimenta también. El Señor la provee y espera que sus hijos que forman parte de la comunidad de fe se coloquen la armadura completa y utilicen con habilidad, plena confianza y destreza  la espada del Espíritu.

 

En el párrafo anterior mencioné la palabra “entrenado” y recordé una escena que se repite todos los martes cerca de mediodía en Plaza Lavalle, en Buenos Aires. Allí se reúne un grupo de personas adultas al aire libre para hacer esgrima. Un día que tenía un poco de tiempo me detuve a observarlos un buen rato. Lo que me llamó la atención es que las espadas son de plástico y ellos solo realizan movimientos en el aire con su arma, de avance, estocada y retroceso, también ejercitan sus brazos por medio de movimientos circulares. A veces giran su cuerpo de izquierda a derecha y viceversa. Un instructor está delante de ellos y comienza el ejercicio que los demás deben repetir, los mira con atención, uno por uno, y corrige la posición de los brazos o de las piernas para que los movimientos sean certeros. 

 

Mientras escribo esto pensaba en que nosotros también tenemos un instructor personalizado, pero debemos ejercitarnos en grupo. Él está atento aun a nuestros torpes intentos de manejar la espada y espera con paciencia a que dediquemos un tiempo a entrenar, a practicar.

 

¿Cómo anda tu aprendizaje en el uso de la Espada del Espíritu? ¿Necesitás ayuda? ¿Te hace falta entrenamiento?

 

Los grupos de redes de nuestra congregación te proveen el espacio y el tiempo necesario para ejercitarte.

No te quedes solo. Pertenecés al ejército de Cristo. La espada de dos filos es cortante, pero necesita que la persona que la utiliza sepa de qué manera hacerlo y que se enfoque decididamente en el oponente indicado, nuestro enemigo. Nuestra lucha siempre es espiritual.