¡Cuán hermoso es tu santuario, Señor todopoderoso! ¡Con qué ansia y fervor deseo estar en los atrios de tu templo! ¡Con todo el corazón canto alegre al Dios de la vida! Aun el gorrión y la golondrina hallan lugar en tus altares donde hacerles nido a sus polluelos, oh Señor todopoderoso, Rey mío y Dios mío. ¡Felices los que viven en tu templo y te alaban sin cesar! ¡Felices los que en ti encuentran ayuda, los que desean peregrinar hasta tu monte! Cuando pasen por el valle de las Lágrimas lo convertirán en manantial, y aun la lluvia lo llenará de bendiciones; irán sus fuerzas en aumento, y en Sión verán al Dios supremo.
Salmo 84: 1-7 DHH
(Énfasis del autor)
El Señor puede hacer cosas extraordinarias en tu vida, en mi vida y en nuestra iglesia. Aunque ante su Presencia somos imperceptibles, este salmo nos muestra que hasta la creación más pequeña tiene lugar en su santuario.
Como sus hijos, nuestro destino es ser felices aun en tiempos de llanto porque Papá así lo prometió a través de los tiempos.
Les digo la verdad: ustedes llorarán y se lamentarán, pero el mundo estará contento. Se pondrán tristes, pero su tristeza se convertirá en alegría.
Juan 16: 20 PDT
La Palabra dice que Dios ha puesto Su mirada en aquellos que han puesto sus fuerzas, su mirada y su obediencia en Él.
Felices los que se conducen sin tacha y siguen la enseñanza del Señor. Felices los que atienden a sus mandatos lo buscan de todo corazón, los que no hacen nada malo, los que siguen el camino del Señor.
Salmo 119: 1-2 DHH
He obedecido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. De la misma manera, si ustedes obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor». Les he dicho esto para que sientan la misma alegría que yo siento, y para que sean completamente felices.
Juan 15: 10-11 PDT
En este tiempo cuando la tristeza, angustia o ansiedad nos rodean y nos son tan cercanas, las promesas de Papá deberían ser nuestra meta, el deseo y el plan de nuestros días. Es que una promesa que no se acepta y disfruta es una promesa perdida
Volvé a leer el Salmo 84 en primera persona, como si fueras el salmista… ¡Es extraordinario! David cree y declara que su Señor va a cambiar sus lágrimas en una fuente inagotable y que iría de poder en poder y vería a Dios.
¡Qué bella es tu morada, oh Señor de los Ejércitos Celestiales! Anhelo y hasta desfallezco de deseo por entrar en los atrios del Señor. Con todo mi ser, mi cuerpo y mi alma, gritaré con alegría al Dios viviente. Hasta el gorrión encuentra un hogar y la golondrina construye su nido y cría a sus polluelos cerca de tu altar, ¡oh Señor de los Ejércitos Celestiales, mi Rey y mi Dios! ¡Qué alegría para los que pueden vivir en tu casa cantando siempre tus alabanzas! ¡Qué alegría para los que reciben su fuerza del Señor, los que se proponen caminar hasta Jerusalén! Cuando anden por el Valle del Llanto, se convertirá en un lugar de manantiales refrescantes; las lluvias de otoño lo cubrirán de bendiciones. Ellos se harán cada vez más fuertes, y cada uno se presentará delante de Dios en Jerusalén.
Pues el Señor Dios es nuestro sol y nuestro escudo; él nos da gracia y gloria. El Señor no negará ningún bien a quienes hacen lo que es correcto. Oh Señor de los Ejércitos Celestiales, ¡qué alegría tienen los que confían en ti!
Salmo 84: 1-7, 11-12 NTV
(Énfasis del autor)
David declara que una dificultad enorme, que al principio era casi imposible de superar y provocaba llanto, Dios la transformaría en un manantial, a tal punto que otros beberían de esas aguas. ¿Por qué? Porque Dios hace cosas con lo pequeño. Dios hace maravillas con lo ordinario.
Dios ha puesto eternidad en tu corazón y no se trata de ser más que otros. No somos mejores, pero sí hemos conocido al que es el mejor de todos… se llama Jesucristo. Lo que Dios hace con nosotros, lo quiere hacer con todas las personas porque sabe cuánto lo necesitan. Nosotros no somos mejores, somos -como decía El autor de Eclesiastés- quienes nos levantamos todos los días y nos alegramos con lo sencillo, como comer y beber.
La iglesia, todos nosotros somos gente común, ordinaria con la que Dios va a hacer cosas extraordinarias. Él quiere que seas parte de Su maravilloso plan.
Ruth O. Herrera
