—¿Cuánto pan tienen?—preguntó—. Vayan y averigüen. Ellos regresaron e informaron: —Tenemos cinco panes y dos pescados.
Entonces Jesús les dijo a los discípulos que sentaran a la gente en grupos sobre la hierba verde. Así que se sentaron en grupos de cincuenta y de cien.
Marcos 6: 38-40 NTV
En este momento, los discípulos no entendían para qué pedir que se recuesten si lo mejor sería que la multitud se fuera.
Buscaron y encontraron… pero solo 5 panes y 2 peces y obviamente era muy poco. En cambio, Jesús tenía una forma distinta de calcular las cantidades de su receta, Él tenía ingredientes con los que los discípulos no contaban: el poder y los milagros.
Cristo no medía los resultados como ellos, los haría ver semejante milagro, participar y disfrutar de él. Las horas extras valdrían la pena.
Considerar que Dios tiene otros recursos puede ser bastante difícil en medio de un problema, un apuro financiero, una crisis familiar, un diagnóstico inesperado.
Tener solo 5 panes y 2 peces en las manos es lo cotidiano. Y a veces aunque podemos resolver la situación o tenemos los medios naturales, nuestra mirada solo ve 5 panes y 2 peces.
¡Cuántas veces tenemos que creer y volver a creer! Esto les pasó a las hermanas de Lázaro…
Ellas conocían a Jesús y el mensaje de vida plena, y fue justamente el saberlo lo que las desestabilizó. ¿Cómo podía ser que justamente en el peor momento Jesús no las asistiera… si ellas tenían a un hermano muerto?… como si solo tuvieran en las manos 5 panes y 2 peces…
Y después de 4 días llegó Jesús y multiplicó la esperanza: “No te dije que si crees verás la gloria de Dios”. Juan 11: 40 NTV
Hace algunos domingos atrás escuché al pastor predicar de este pasaje y, aunque llevo décadas conociendo a Jesús personalmente, me di cuenta de que muchas veces solo veo el problema, como si la piedra delante de una tumba fuera imposible de correr, como si mis panes y mis peces no pudieran multiplicarse.
Los discípulos habian experimentado el poder del Espíritu Santo cuando fueron de 2 en 2 a predicar. María y Marta esperaban al Maestro pero no creian en el milagro.
… “Deja que la multitud se vaya” “Si hubieras estado aquí”… ¿Cuál es tu argumento frente a tu circunstancia?
Jesús esperó a los discípulos para que vieran el milagro y también entendió el dolor de las hermanas en duelo. Él Señor te conoce y me conoce, pero no deja de desafiarnos a creer y hacer nuestra parte… buscar panes y peces o llevarlo a Él hasta la tumba de nuestro Lázaro.
Los milagros los hace el Maestro, pero nosotros tenemos que estar dispuestos al proceso de cambio.
Necesitamos reconocer que tenemos recursos que en las manos de Dios pueden cambiar totalmente la escena.
Ruth O. Herrera
