Cristo está en nosotros

Cuando yo vuelva a la vida, ustedes sabrán que estoy en mi Padre y que ustedes están en mí, y yo, en ustedes.

San Juan 14:20 (NTV)

 

Moisés sabía que Dios lo había enviado a sacar al pueblo de la esclavitud y tenía que encarar un tiempo nuevo, llevarlo hacia la tierra prometida. En un momento el libertador le dice al Señor: “si tu presencia no va conmigo, no me saques de aquí”

Nuestra vida seguramente es más simple, pero a la hora de la crisis, en los momentos límites necesitaríamos tener la actitud de Moisés de ir a ese lugar santísimo, a la presencia misma del Señor y que algo se produzca ahí. Es cuando la meditación llega a un momento de intercesión, llega un momento donde el mismo Espíritu te impulsa a pedir de una manera diferente y entonces la gravedad de la situación es distinta

Cuando tenés que encarar algo difícil en la vida entonces vas a decir “Señor si tu presencia no ha de ir conmigo, no me saques de aquí” pero no es un sentimiento solamente de Moisés, no es solamente un miedo de Moisés. Es que a él no le interesa la tierra prometida si Dios no va a estar.

¿Cuántas veces nos hemos arrodillado y hemos dicho “Señor dame esto o dame aquello” y después cuando se produjo nuestro interés tal vez no era si estaba Dios o no estaba…? incluso a lo mejor perdimos esa perspectiva por la alegría de recibir lo que esperábamos.

En cambio, los salmos en general encuentran gente quebrantada, pero luego cuando la respuesta llega esas personas están muy agradecidas “te alabaré por siempre, te alabaré de aquí a  la eternidad” ¿por qué? porque hay momentos en que uno debe retornar a la gratitud, debe recordar que Dios es importante. Como dice otro de los salmos “un día en tus atrios es mejor que cualquier otra cosa”

Entonces, ¡qué bueno que en nuestras oraciones podamos tener este sentir que hubo en el Libertador! Moisés necesitaba la nube y la columna de humo y todas las manifestaciones tremendas de Dios para sacar a su pueblo que era difícil y rebelde. Hoy nosotros no estamos en la misma condición porque la presencia de Dios vino a nosotros en la persona de Jesús y nos acompaña.

Pastor Hugo Herrera

 

Durante su ministerio Jesús habló con sus discípulos en reiteradas oportunidades sobre su misión en la tierra, los padecimientos que habría de sufrir, su muerte y su posterior resurrección. Sin embargo, ellos no entendían. Aquellas verdades eran muy difíciles de asimilar, sobre todo porque chocaban con las expectativas que cada uno de sus amigos había depositado en el Maestro. El pueblo judío vivía una realidad muy difícil, este grupo de seguidores leía la realidad e interpretaba las palabras y acciones de Cristo de acuerdo con su propia cosmovisión.

 

Nosotros hacemos lo mismo. Es natural. ¿Quién puede atribuirse el conocimiento total o la revelación completa de su obrar en este momento puntual de la historia? Sería muy presuntuoso y, desde luego, totalmente equivocado. Estamos inmersos en nuestra realidad, no somos del sistema, pero vivimos en él y muchas veces nuestras expectativas son muy diferentes a las de nuestro Señor. Por eso hay sabiduría en pedir revelación y trabajarla en el contexto de la comunidad local a la que pertenecemos. La verdad del evangelio trasciende a toda cultura, no obstante, los hijos del Reino somos llamados a hacerla relevante en los tiempos que nos tocan vivir.

 

A veces nos desborda el entusiasmo y vamos detrás del éxito al cual medimos con los mismos parámetros que lo hace el sistema. Cantidad de gente, impacto, resultados tangibles…Otras veces nos decepcionamos al no obtener la respuesta que esperamos.  

El ejemplo de Moisés en el Antiguo Testamento es claro. Él deseaba sinceramente que la presencia de Dios lo acompañara durante el camino y también cuando entraran a la nueva tierra. El todopoderoso prometió acompañarlo y lo hizo, sin embargo el Libertador no entró. Solo la vio de lejos.

 

Por eso, no podemos controlar su modo de actuar ni garantizar resultados. El Señor sabe qué es lo mejor y hará los cambios a su manera. La única garantía que tenemos es que Él está en nosotros y estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo.

 

Les digo estas cosas para que estén unidos a mí y así sean felices de verdad. Pero tengan valor: yo he vencido a los poderes que gobiernan este mundo.

San Juan 16:33 (TLA)