Uno de los cortesanos sugirió: —Conozco a un muchacho que sabe tocar el arpa. Es valiente, hábil guerrero, sabe expresarse y es de buena presencia. Además, el Señor está con él.
1° Samuel 16:18 NVI
(Énfasis del autor)
Así describía un cortesano de Saúl a David, cuando el entonces rey, era acosado por la enfermedad y la desesperación, cuando era sólo un adolescente.
Tiempo después en su propio reinado, David no tuvo corte, ni esclavos, tampoco sometió al pueblo a servir en su ejército, sino a los soldados preparados. Fue un rey que intentó establecer justicia, aún a pesar de sus equivocaciones.
La imagen de David fue usada para recordar el amor de Dios por su pueblo y la fidelidad a su alianza, antecesor del mesías, a quien se lo denominaba: «Hijo de David». En Jesús, se cumplieron las promesas hechas a quien fue ungido en segundo lugar como rey de Israel y conquistador de Jerusalén.
Un hombre que hizo historia, marcó un nuevo principio en la adoración poniendo bases sólidas, estableció nuevas estrategias y renovó la liturgia y la música.
Su influencia fue clara en el campo de batalla y también estableciendo y enseñando una profunda intimidad con Dios.
Un rey adorador del Rey de reyes. David llegó a ser rey, cuando era un jovencito y Dios nunca dejó de estar con él, aun a pesar de sus errores.
En el Talmud, que contiene la tradición judaica, casi un milenio de actividad rabínica, consiste en una enorme masa de interpretación bíblica, relata detalles de David que quiero compartir, porque muestran a un rey, guerrero y a la vez sensible y apasionado por Dios.
“El Rey David no dormía toda la noche como el común de la gente. Desde el anochecer hasta cerca de la medianoche estudiaba Torá jubilosamente con voz agradable.
Cuando el cansancio lo vencía, se adormecía. Pero a la medianoche se despertaba y se levantaba como un león para estudiar Torá ininterrumpidamente hasta el amanecer.
¿Cómo sabía el Rey David cuando era exactamente la medianoche? Él tenía un despertador original su arpa, el mismo instrumento con el que acompañaba sus hermosos cantos de alabanza al Creador. El arpa estaba colgada sobre su cama. A la medianoche, un viento suave del norte soplaba a través de la ventana que estaba abierta y tocaba dulcemente las cuerdas del arpa. Los suaves sonidos lo despertaban y le recordaban que era la hora de servir a su Creador”
Extraído de Relatos del Talmud, de Editorial Bnei Sholem
Al leer esto pude imaginar a un hombre que vivía inspirado por Dios, y en búsqueda constante, cercano a su corazón. Alguien que colgaba su instrumento, su herramienta de adoración, en su misma cama, manteniéndola al alcance de su mano al acostarse y al despertarse, que estudiaba con alegría la revelación que Dios había entregado a su pueblo.
Entonces tuve más claro cómo llegó David a ser la clase de líder que fue, y el precio que pagó al invertir sus noches en la presencia del Señor para gobernar y guerrear de día.
Solo una suave brisa rozando las cuerdas de su arpa, eran un llamado a la comunión y a la adoración.
Hoy con un ritmo de vida agitado y lleno de preocupaciones no siempre tengo… “mi arpa a mano”. Y no creo que a David siempre le sobrara tiempo a pesar de ser lider de un ejército. Es más, fue justamente en el ocio que vio a Betsabé y comenzó una cadena de errores y pecados muy desafortunados
Es cuando estamos ocupados, preocupados o enfocados en nuestra rutina que no tenemos que perder de vista “nuestro instrumento de adoración”. Es nuestra herramienta de batalla y sanidad integral.
El descubrir nuestra mejor forma, instrumento, arma de adoración. Cada día una canción, un salmo, una oración… algo que detenga nuestros propios pensamientos y nos lleve a la maravillosa Presencia de Dios aunque sea un momento.
¿Cuál es el instrumento al lado de tu cama?
Ruth O. Herrera
