¿Cuál es tu miedo?

Y Dios le contestó: —Podrás hacerlo porque yo estaré contigo para ayudarte. Derrotarás a los madianitas como si derrotaras a un solo hombre.

Jueces 6:16 TLA

Sí, Gedeón no quería hacerse cargo de la demanda divina. ¡Tenía miedo… mucho miedo!

Y tenía razón.

Desde muy chica siempre le tuve miedo a dos cosas que me paralizaban, las arañas y a todo lo que se pueda identificar con una jeringa. Realmente quedaba aterrada. Y a medida que crecía se ponía peor. De chiquita las manos y los pies enormes de mi papá, como yo los veía, eran un arma letal conbinada con mis gritos y llanto de espanto cuando una criatura de ocho patas me amenazaba.  Y al enfrentarme a las agujas siempre estaban mamá o mi hermana mayor como colchones cuando me desmayaba.

Recuerdo claramente haberme desmayado cuando una amable enfermera vacunaba a mi hermano en la pierna derecha… o en la fila mientras esperaba por los análísis nupciales.

De repente todo se apagaba y el miedo se desvanecía.

Pero con el tiempo papá, mamá o Chachi ya no estaban y me tuve que enfrentar a mis miedos.

Muchas veces me preocupaba no ser capaz de defender a mis hijos, no responder a sus planes de vacunación o eventuales accidentes. Sólo entrar a un hospital me provocaba nauseas. Pero año a año, cada situación de peligro o salud me provocaba a ser valiente y buscar armas de control y dominio propio.

Ya estoy grande y voy a mis procedimientos de salud sola y camino sin miedo por lo lugares típicos donde hay grandes insectos.

No me gusta, me sigue amenazando el miedo pero ahora puedo. Maduré y lo enfrento.

Todos tenemos mecanismos de defensa ante los gigantes que nos dan miedo.

Las estadísticas mencionan a los miedos más comunes, la soledad, los exámenes, la pobreza,  la vejez, la muerte, el fracaso, quedar en ridículo, la sangre o agujas y los animales. Creo que no me equivoco al pensar que alguno de estos miedos te es propio.

El miedo ahora se denomina “fobia” y cada vez más es parte de nuestra sociedad.

En la historia de Gedeón el miedo era un común denominador y aún así él venció sus miedos, los identificó y al rendirse ante su Señor dejó de rendirse ante los hombres.

Gedeón ¿a qué le temés? Ahora pone tu nombre: ¿…………… a qué le temés?

Este devocional tiene como propósito que reflexiones y pronuncies tus miedos y una vez más pongas tu ansiedad en las manos de Papá, que no interrumpas el proceso de lo que Él está operando en tu interior aún cuando “tus madianitas” te sigan rodeando.

Te propongo leer el siguiente pasaje una y otra vez, aunque lo conozcas, porque la fe viene por el oír, recordar e insistir en la Palabra.

¿Quién nos podrá separar del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, o las dificultades, o la persecución, o el hambre, o la falta de ropa, o el peligro, o la muerte violenta?  Como dice la Escritura:

«Por causa tuya estamos siempre expuestos a la muerte;
nos tratan como a ovejas llevadas al matadero.» Pero en todo esto salimos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.  Estoy convencido de que nada podrá separarnos del amor de Dios: ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los poderes y fuerzas espirituales, ni lo presente, ni lo futuro, ni lo más alto, ni lo más profundo, ni ninguna otra de las cosas creadas por Dios. ¡Nada podrá separarnos del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor!

Romanos 8: 35-39 DHH

(Énfasis del autor)

 

Ruth O. Herrera