Pues sabemos que, cuando se desarme esta carpa terrenal en la cual vivimos (es decir, cuando muramos y dejemos este cuerpo terrenal), tendremos una casa en el cielo, un cuerpo eterno hecho para nosotros por Dios mismo y no por manos humanas.
2° Corintios 5: 1 NTV
(Énfasis del autor)
Jesús en su resurrección se anticipó a mostrarnos esa “nueva carpa”, un cuerpo glorificado y así completó su obra en la tierra. Nos describió con hechos nuestro futuro.
Tenemos que vivir creyendo y confiando que nuestra “casa terrestre se va a deshacer, pero tenemos otra, no hecha por hombres, en la eternidad”.
Este nuevo cuerpo no será simplemente una mejora de nuestro actual estado físico, sino una transformación completa que eliminará el sufrimiento, la enfermedad y la mortalidad. Un cuerpo diseñado para vivir eternamente en Su Presencia.
Al haber leído tantas veces esta palabra, podemos estar distraídos de su significado.
Diariamente no tenemos conciencia plena de que nuestra verdadera residencia no está en esta tierra, sino en los cielos, donde Dios ha preparado un hogar eterno para sus hijos. Perfectos como Jesús a pesar de ser seres inmerecedores de esta gran realidad.
Por eso… ¡Qué bueno comenzar el día declarando: Dios está trabajando conmigo! Y aunque muchas veces estamos como rotos, en las manos del Señor somos reconstruídos.
Como meditamos juntos el lunes, ésta es nuestra convicción, Dios hace todo nuevo, “ha comenzado una buena obra, y así tendremos un cuerpo hecho por Dios mismo, para nosotros”.
Pastores, ministros, personas que han dedicado su vida al Señor, y sin embargo en algún momento de vida difícil, sienten que se destruye la obra que un día comenzó el Señor, pueden decir con certeza: Él hará conmigo una nueva obra, acorde a lo que le parezca hacer.
2° Corintios 5:1 nos llena de esperanza y consuelo, asegurándonos que nuestra existencia no termina con la muerte física, sino que continúa en una dimensión gloriosa y eterna, en la cual estaremos completamente perfeccionados y en comunión plena con nuestro Creador.
En días difíciles pedile al Espíritu Santo que renueve esta esperanza en vos. Cuando la realidad golpea y no vemos más que luchas sin victoria aparente, esta promesa puede reenfocar tu fe y tu expectativa. La eternidad comienza en Cristo y hoy en nuestra debilidad se renueva su promesa.
“…tendremos una casa en el cielo, un cuerpo eterno hecho para nosotros por Dios mismo y no por manos humanas”.
Ruth O. Herrera
