Cuestión de carácter

Samuel tomó un frasco de aceite y lo derramó sobre la cabeza de Saúl. Luego lo besó y le dijo: —El SEÑOR te ha elegido para ser jefe de su pueblo. Tú serás el líder del pueblo de Dios y lo salvarás de los enemigos que están a su alrededor. 

1° Samuel 10: 1 PDT(Énfasis del autor) 

Sin ninguna duda la elección de este muchacho fue guiada por Dios. Sus capacidades llevarían al pueblo a victorias y una nueva expectativa de vida. Pero él mismo tenía que creerlo. Y a través de señales proféticas en su camino de regreso a casa, Saúl comienza a ser transformado.

Efectivamente, desde el momento que Saúl se dio vuelta para irse, Dios le cambió la vida. Todo sucedió tal como dijo Samuel. Saúl y su siervo se fueron a Guibeá Elojim para reunirse con un grupo de profetas. El Espíritu de Dios se apoderó de Saúl y él profetizó junto a ellos. Algunos que habían conocido a Saúl antes lo vieron profetizar y se preguntaban unos a otros: —¿Qué le pasó al hijo de Quis? ¿Es uno de los profetas?  Un hombre que vivía allí dijo: —¡Sí! Y parece ser el líder.

1° Samuel 10: 9-12 PDT (Énfasis del autor)

Después de esta unción, Saúl experimenta una transformación espiritual. El Espíritu de Dios viene sobre él y lo capacita para gobernar y profetizar. Sin embargo, guarda este encuentro en secreto y no revela su unción como rey a su familia o comunidad.

Algunos expresaban dudas sobre la elección de Saúl como rey, pero demostró su autoridad divina al liderar exitosamente al ejército israelita en la victoria sobre los amonitas, y ya nadie cuestionó su posición.

El muchacho tenía la capacidad y todas las condiciones dadas para ser un gran rey, pero comenzó a mostrar problemas de carácter. Su humildad se corrompió y se desató su ira, falta de integridad y exceso de poder.

A medida que su reinado se desmoronaba y el favor divino se alejaba de él, Saúl perdió todo. Su negativa a aceptar la responsabilidad por sus acciones y su incapacidad para reconocer su pecado mostraron un completo deterioro espiritual y moral. Saúl se sintió el centro de su reinado, se perdió del plan inicial, dejó de sentirse un siervo en las manos de Dios. 

En su historia se revela la facilidad con que una persona cambia cuando alcanza ciertos lugares de autoridad y poder. Esto lo vemos en todos los ámbitos: El dilema de alcanzar las buenas metas, pero perder el sentido y significado de haberlas alcanzado, la incapacidad para recibir ayuda, el creer tener la razón, no considerar a los otros como iguales…

Seguramente lo sufriste en la calle, el trabajo, en espacios de estudio y quizás también con líderes. Pero en algún momento todos perdemos el sentido de “autoridad delegada”.

¿Cuándo luchaste con tu propia autoridad? Tendríamos que hacerlo como un ejercicio al ser parte de una comunidad, familia, equipo… Es tan sutil, no es intencional, somos buena gente, pero está en nosotros y Jesús lo expuso de manera contundente al hablar de sí mismo. 

Jesús les dijo: Les digo la verdad: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta. Sólo hace lo que ve hacer al Padre. El Hijo hace lo mismo que hace el Padre.

Juan 5: 19 PDT

Puede ocurrir que, por alguna razón también justificada, la soberbia de Saúl se manifiesta tímida o muy visiblemente, y tenemos que volver a reconocer que hay un solo Rey. 

Ruth O. Herrera