Cuestión de urgencia

A dondequiera que voy, el Espíritu Santo me dice que en Jerusalén van a meterme a la cárcel, y que van a maltratarme mucho.  No me preocupa si tengo que morir. Lo que sí quiero es tener la satisfacción de haber anunciado la buena noticia del amor de Dios, como me lo ordenó el Señor Jesús.

Hechos 20: 23-24 TLA

 

“El libro de Los Hechos de los Apóstoles debiera haberse llamado ´Los Hechos del

Espíritu Santo´ porque es una comunión entre espiritualidad y acción. Una acción cargada de espiritualidad o una espiritualidad cargada de acción, porque en cada relato está Dios obrando poderoso a través de Su Espíritu.

Así vemos al apóstol Pablo que es llevado de ciudad en ciudad mientras el Espíritu Santo le dice que le esperan la cárcel y muchos sufrimientos. Entonces hace una declaración contundente: “Sin embargo mi propia vida no cuenta con tal de que yo pueda correr con gozo hasta el fin de la carrera y cumplir el encargo que el Señor Jesús me dio de anunciar la buena noticia del amor de Dios”. Dios lo va guiando de manera práctica. Pablo dice la buena noticia del amor de Dios, la buena noticia de la gracia es el amor de Dios derramado hacia la humanidad.

Estamos llamados a compartir esa buena noticia en lo cotidiano, en lo de todos los días, en lo más pequeño… Y quien pueda ser fiel en lo pequeño va a conocer algo más, siendo fiel en lo pequeño se establece un patrón para las cosas grandes”.

Pastor Hugo Herrera

 

San Pablo, el apóstol misionero, al conocer el plan de Dios comienza un viaje impulsado por el amor y la misión, una decisión trascendental sostenida por la maravillosa obra del

Espíritu Santo. En el contexto del primer siglo cuando el cristianismo era combatido, la transformación de Pablo al encontrarse con Cristo en el camino a Damasco fue absolutamente radical.

En este capítulo se encuentra en la ciudad de Mileto dirigiéndose a los líderes de la iglesia de Éfeso. Les relataba lo difícil de su misión, pero sobre todo les impartía una palabra de desafío y convicción. Su enfoque no era abrazar la misión a pesar del sufrimiento: En este pasaje vemos una fe inquebrantable que mira más allá de las adversidades presentes hacia el cumplimiento de un propósito divino más grande.

 

En cada relato bíblico de la vida de este apóstol nos vemos más desafiados que reflejados. Hoy el cristianismo ya no es una novedad, y quizás por eso nos resulta difícil compartirlo con quienes lo identifican solo con una religión, de modo que necesitamos más bien pasión en lugar de estrategias; no mero planeamiento, sino convicción y una misericordia contundente.

El apóstol vivía en la creencia de que Cristo volvía pronto y eso lo proyectaba a la urgencia de alcanzar la mayor cantidad de ciudades y personas lo antes posible.

Esto es lo que necesitamos: Un sentido de urgencia, el apuro por visitar más casas, más plazas, alcanzando a más personas que sufren y necesitan vida plena.

 

Declaremos juntos que este es el año de “reconciliación”. Pidamos al Espíritu Santo el sentido de urgencia que Pablo tenía. Andemos juntos como iglesia y familia de Cristo el camino de la salvación. Este será el tiempo de que los ángles celebren que muchos vuelven a Papá. Hagamos equipo con los brazos abiertos de La Casa del Padre.

 

Ruth O. Herrera