Pero el que cuidaba el terreno le contestó: “Señor, déjala todavía este año; voy a aflojarle la tierra y a echarle abono. Con eso tal vez dará fruto; y si no, ya la cortarás”.
Lucas 13:8-9 DHH
El viñador en esta historia juega un papel crucial. Mira con expectativa y fe a la higuera. No niega que sea estéril. No intenta justificar su falta de fruto. Pero intercede por una oportunidad más.
En el devocional anterior pensamos en el viñador como una figura de Cristo, quien intercede por nosotros ante el Padre, pidiendo misericordia y gracia.
Pero también hay una lección profunda para nosotros; sobre cómo debemos ver y tratar a los demás, especialmente a aquellos que, en nuestra vida personal, en nuestras iglesia o entorno, consideramos, según nuestra mirada, que no dan fruto.
Es fácil, desde nuestra perspectiva, juzgar a aquellos que consideramos «estériles». Personas que luchan constantemente con los mismos problemas, que parecen no crecer espiritualmente, que tal vez causan más daño que bien. Y nuestra reacción humana, como la del dueño de la viña inicialmente, puede ser: «Córtala. Es inútil».
Los damos por perdidos. No nos detenemos a ser parte de un proceso de Gracia y cambio. Pero el llamado del evangelio es ser como el viñador. Es el llamado a la gracia y a la intercesión.
Desde los comienzos del cristianismo hubo higueras y viñadores. Así lo escribió el apóstol Pablo:
Hermanos, si ven que alguien ha caído en algún pecado, ustedes que son espirituales deben ayudarlo a corregirse. Pero háganlo amablemente; y que cada cual tenga mucho cuidado, no suceda que él también sea puesto a prueba.
Gálatas 6:1-2 DHH
Dar oportunidad al que vive un tiempo de esterilidad, amargura o falta de fe no significa ignorar el problema o no comprometernos para ayudar. El viñador no dijo: «Dejala así como está«. Él dijo: «Dejala… hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone». Se comprometió a invertir trabajo, esfuerzo y recursos en esa higuera aparentemente inútil.
Nosotros estamos llamados a hacer lo mismo. A invertir en las vidas de aquellos que luchan. A cavar alrededor de ellos, buscando las raíces de sus problemas. A abonarlos con amor, ánimo, verdad y apoyo práctico. A veces, la persona que parece más estéril es la que más necesita que alguien crea en ella, que alguien invierta en ella y que alguien ore por ella, pidiendo «un año más» de gracia.
¿Hay alguien en tu vida o en tu cercanía que parezca no estar «dando fruto» y con quien te hayas sentido tentado a rendirte?
Es el momento de que con paciencia y amor le des otra oportunidad y te comprometas a ayudarla/o a cavar su tierra.
Ruth O. Herrera
