Como está escrito: Derramó, dió á los pobres; Su justicia permanece para siempre. Y el que da simiente al que siembra, también dará pan para comer, y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los crecimientos de los frutos de vuestra
2° Corintios 9: 9-10 RVA
“Su justicia permanece para siempre”, que al traducir significa que la sustancia de la alegría, que es la generosidad, nunca te faltará.
La Escritura dice: «Ha dado abundantemente a los pobres, y su generosidad permanece para siempre.»
Dios, que da la semilla que se siembra y el alimento que se come, les dará a ustedes todo lo necesario para su siembra, y la hará crecer, y hará que la generosidad de ustedes produzca una gran cosecha.
2° Corintios 9: 9-10 DHH
(Énfasis del autor)
No es un trueque, no es una transacción, Papá no cambia su esencia de dar y ampliamente.
Cuando estás en Dios, cuando te encontrás con Dios, das porque Él vive en vos y esa es la característica de Dios. No hacés negocios porque así es el amor… el amor no soporta trueque ni soborno.
Así debemos ser nosotros, no porque me vengas cómodo te voy a amar. No porque me vas a dar algo cuando yo te dé, no te voy a amar por eso. Eso no es amor… eso es negocio.
Yo decido amarte, porque te voy a amar… así es Dios.
Pastor Hugo Herrera
¡Qué difícil es vivir cuando quienes nos rodean no practican la generosidad! Como si camináramos enfrentando un huracán, contra la corriente. Muchos son “generosos momentáneos” midiendo las circunstancias y a quien favorecer o no favorecer. Por eso necesitamos tanto depender del generoso amor de Dios.
Necesitamos depender de Dios, porque nuestro amor siempre es un amor condicionado. En cambio el amor de Dios es un amor que no soporta condiciones. El ama, no solo es su naturaleza, sino que es su decisión sobre nosotros.
El tener una actitud generosa es lo que te identifica como cristiano. El dar antes de recibir, y hacerlo sin esperar nada a cambio es una clara cualidad de evangelismo, la mejor estrategia para compartir las Buenas Nuevas
Para alcanzar esa generosidad genuina y espontanea Dios debe gobernar nuestra vida. Reproducir las obras de Jesús y cultivar en nuestro interior un corazón desinteresado.
Nadie puede decir que no espera de los demás recibir actitudes generosas, aún las más sencillas. ¿Nunca deseaste que alguien te de su asiento en el colectivo, después de un día caluroso y agotador de trabajo? ¿Alguna mujer puede no disfrutar que alguien se ofrezca a lavar los platos después de haber trabajado durante todo el día? ¿Conoces alguien que se niegue a recibir ayuda cuando el auto se le descompone en medio del tráfico?…
La generosidad es cosa de todos los días, detallista y sencilla.
La generosidad deja buenos recuerdos, refuerza lazos de compañerismo, encuentra amigos en la vida… y siempre hace feliz a quien la práctica.
Dale a cualquiera que te pida; y cuando te quiten las cosas, no trates de recuperarlas. Traten a los demás como les gustaría que ellos los trataran a ustedes.
Lucas 6: 30-31 NTV
El corazón dadivoso no siempre es recompensado, pero de eso se trata. Jesús no reclamo gratitud, aunque reconoció al ciego agradecido. Pero su característica fue el dar y nunca negociar, no dio para ser halagado ni reconocido, su amor es profundo y su único objetivo es dar vida plena y eterna.
Nuestra iglesia está llamada a servir generosamente… porque de eso se trata, “de salvar vidas”. Más allá de los programas y los proyectos, el mensaje central debe ser: “Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso”.
Ruth Oppedisano Herrera
