Darle el gusto a Papá

Pero Dios es muy compasivo, y su amor por nosotros es inmenso.  Por eso, aunque estábamos muertos por culpa de nuestros pecados, él nos dio vida al resucitar a Cristo. Nos hemos salvado gracias al amor de Dios.  Dios, al resucitar a Jesucristo, nos resucitó y nos dio un lugar en el cielo, junto a él.  Hizo esto para mostrar, en el futuro, la bondad y el gran amor con que nos amó por medio de Jesucristo.  Ustedes han sido salvados porque aceptaron el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la salvación, sino que Dios se la regaló.  La salvación de ustedes no es el resultado de sus propios esfuerzos. Por eso nadie puede sentirse orgulloso.  Nosotros somos creación de Dios. Por nuestra unión con Jesucristo, nos creó para que vivamos haciendo el bien, lo cual Dios ya había planeado desde antes.

Efesios 2: 4-10 TLA

(Énfasis del autor)

La descripción del amor de Dios en este pasaje es realmente conmovedora. El costo voluntario de un amor extremo que da lo que más ama… Dios el Padre envió a Jesús y nos involucró en su decisión de amarlo en respuesta a su inexplicable amor.

Ponme como un sello sobre tu corazón; ponme como una marca sobre tu brazo. Inquebrantable como la muerte es el amor; inflexibles como el sepulcro son los celos. Candentes brasas son, candente fuego. ¡Las muchas aguas no pueden apagar el amor, ni pueden tampoco sofocarlo los ríos! Si por el amor diera el hombre todos los bienes de su casa, ciertamente sería despreciado.

Cantares 8: 6- 7 RVC

(Énfasis del autor)

El amor es así, es una decisión, no es solo por “sentir” que se ama. Esta decisión voluntaria es lo más característico del amor de Dios. ¿Acaso vos y yo somos merecedores de Su amor?

Cuando nos vemos a nosotros mismos, nuestra naturaleza débil y vulnerable al pecado, en la intimidad y realidad interna, podemos decir… “Dios se equivocó”, pero Él nos ama más allá de nuestra condición… a pesar de todo, decidió amarnos.

Por su amor tenemos amistad con Él y en la intimidad somos transformados, recuperamos Su esencia en nosotros. Su imagen se activa y nos da vida plena. Pero necesitamos estar dispuestos a cruzar las barreras de la rutina y de nuestros propios intereses y pensamientos para alcanzar otro nivel afectivo con Él.

 Disfrutar de su intimidad y experimentar el proceso de un renuevo constante del amor de Dios requiere de nuestra respuesta diaria. A veces nos encuadramos en una rutina por falta de tiempo o de un lugar apropiado, otras veces por preocupaciones o distracción, y así vamos perdiendo la capacidad de asombro y la posibilidad de encontrarnos en una intimidad renovada por el Espíritu.

Este es un tema recurrente, pero… si lo necesitás hacé cambios, innová al buscar su presencia, planeá diferentes maneras y tiempos en su intimidad. Cada uno tiene sus propias formas de relacionarse con Él, pero ¡qué bueno  es pensar en “darle el gusto a Papá” de ver a su hijo, hija cada día un rato y charlar cosas de familia!

Pensarlo de esta manera me ayuda a vivir naturalmente una relación personal.

 Recuerdo cuando era chica y mi papá llegaba del trabajo… realmente cada noche era un acontecimiento. La costumbre era que cada hijo estuviera listo para recibirlo, la mesa preparada, la cena lista y después de comer una sobremesa diferente cada noche. No era algo forzado, realmente sucedía… había conexión y aun sin ser adulta entendía que ese era el momento que apartábamos para compartir en familia. Creo que el secreto era estar esperando el encuentro como el momento más especial del día.

 Crecer en la relación con Dios requiere un proceso y un aprendizaje, descubrirnos como hijos de un Papá cercano y cotidiano… una relación sobrenaturalmente normal. 

 Este devocional no debe reemplazar tu tiempo de búsqueda en soledad y con la expectativa de reconocer la presencia manifiesta del Espíritu Santo, sino que es un instrumento de reflexión y motivación para tu propia búsqueda de Dios.

Date la oportunidad esta semana de adorar y buscar tiempos a solas con Dios en lugares y situaciones distintos, no te limites a tus costumbres. 

 Corré a la presencia de Papá con la sencillez de un niño.

 

                                                                                                     Ruth O. Herrera

Leave a Reply

Your email address will not be published.