Un día, se perdieron las asnas de Cis, su padre, así que éste le dijo a su hijo Saúl: «Levántate y ve enseguida a buscar las asnas. Lleva contigo a uno de los criados.»
1° Samuel 9: 3 RVC
Te invito esta semana a buscar inspiración en los relatos de Saúl y David, quienes representan dos caminos contrastantes en sus vidas como líderes de Israel.
Aunque ambos fueron elegidos y ungidos por Dios como reyes, tomaron caminos muy diferentes y provocaron un gran contraste en sus legados de manera radical. En sus historias podemos ver cómo desvirtuaron la relación con Dios por elecciones apresuradas y motivos egoístas que impactaron en el destino del pueblo.
Por la tozudez de los israelitas de ser como los pueblos que lo rodeaban menospreciando la soberanía de Dios como Rey, el Señor escogió a Saúl como el primer rey de Israel, en contra de Su propio deseo. Y lo hizo de manera inesperada en medio de una tarea doméstica cuando buscaba las burras de su familia que se habían perdido. En la búsqueda de las asnas tuvo un aliado, un criado sin nombre que fue un buen consejero.
Pero el criado le dijo: En esta ciudad hay un hombre de Dios, a quien todos respetan, pues todo lo que él anuncia sucede sin falta. Vamos a verlo; tal vez nos dé alguna pista en cuanto al propósito de nuestro viaje.
1° Samuel 9: 6 RVC
Así Saúl llega a conocer al “hombre de Dios” o “adivino” como eran llamados en ese momento los profetas. Ese encuentro cambió su historia. El muchacho que sobresalía por su belleza y estatura parecía ser el mejor candidato, y pasó de ser un campesino a ser ungido rey, una historia fascinante que muestra cómo Dios puede trabajar a través de circunstancias cotidianas o rutinarias para llevar a cabo su plan.
Samuel había sido instruido por Dios de manera contundente, pero el muchacho no tenía ni idea de lo que sucedía.
Pero Saúl respondió: Yo soy descendiente de Benjamín, que es la más pequeña de las tribus de Israel. ¿Por qué me dices estas cosas?
1° Samuel 9: 21RVC (Énfasis del autor)
En pocas palabras el chico, sin entender nada, reacciona casi denigrando a su propia familia… “¿Yo?… Estás mal informado”.
Dios eligió a un hijo obediente y sumiso, capaz de valorar la opinión de su sirviente, condiciones necesarias para dejarse llevar por el plan del Rey Soberano. Lo que Saúl veía sería transformado al aceptar la voluntad de Dios. De nada a todo.
Su transformación comenzó por la obra del Espíritu Santo y todo fue cambiado… Mientras supo ser sencillo frente a su Señor.
El comienzo de su llamado fue bueno. Comenzó su proceso y reinó con humildad, pero gradualmente se desvió de la voluntad de Dios. Cambió su obediencia por arrogancia.
Con qué facilidad podemos pasar de la humildad al orgullo, de la sencillez a la arrogancia, del plan perfecto a las decisiones erradas. Ni vos ni yo fuimos o seremos convocados a la realeza, pero sí tenemos un plan establecido. Te invito a seguir reflexionando el tema.
Ruth O. Herrera
