¿De quién te escondes?

Entonces vino el ángel del Señor y se sentó bajo la encina que estaba en Ofrá, y que pertenecía a Joás, que era del clan de Abiézer. Gedeón, el hijo de Joás, estaba limpiando el trigo a escondidas, en el lugar donde se pisaba la uva para hacer vino, para que los madianitas no lo vieran.

Jueces 6:11 DHH

(Énfasis del autor)

 

Este era un tiempo crítico para el pueblo de Israel, sin liderazgo  y amenazados por sus enemigos. Por eso era claro que el joven hebreo… Gedeón, estaba escondido, esa era su mayor premisa y de paso limpiaba el trigo.

 

Él se escondía de los madianitas y sus razones eran muy validas porque los enemigos intentaban matar de hambre a los judíos. Robaban sus cosechas y mataban su ganado.

Escondido se sentía más seguro, pero en realidad no lo estaba. Ocultarse no era la solución a su realidad,  pero era lo único que creía más seguro para él.

 

“El Señor lo miró, y le dijo: —Usa la fuerza que tienes, para ir a salvar a Israel del poder de los madianitas. Yo soy el que te envía.”

 

Este muchacho no reconocía tener fuerza de ningún tipo, creció rodeado de miedo y amenazas, y realmente no creo que tuviera razones para sentirse diferente.

 

“Como los madianitas oprimían cada vez más a los israelitas, éstos, por temor a los madianitas, se hicieron escondites en los cerros, en las cuevas y en lugares difíciles de alcanzar.”

 

Gedeón no era el único que se escondía por eso es sorprendente que se haya animado a pedirle señales a Dios  y a pesar de las circunstancias creer y obedecer.

 

“Entonces Gedeón dijo: —Si me he ganado tu favor, dame una prueba de que realmente eres tú quien habla conmigo. Por favor, no te vayas de aquí hasta que yo vuelva con una ofrenda que te quiero presentar.”

 

Pero hay algo que me sorprende y es que aun antes de pedirle garantías a Dios lo adoró, creyó en Él y dejó de verse a sí mismo como un fracaso. Comenzó así un largo período de transformación que cambió la historia al punto que de manera sorprendente pudo convencer a otros a sumarse a una guerra totalmente desigual.

 

Todos en algún momento nos escondemos, a veces de manera infantil como aquel nene de 2 años que jugaba en el mercado con su mamá, se tapaba la cara y creía que nadie lo veía.

 

Yo más de una vez necesité esconderme, de los que no me trataban bien, de algún profesor, cuando me prestaron algo y se me rompió… muchas veces y por motivos muy diferentes. ¿Y vos cuántas veces te escondiste de algo o alguien que no querías enfrentar?

Desde el principio de la humanidad hombres y mujeres nos escondemos de aquello que creemos una amenaza. Adán y Eva fueron los primeros en esconderse y lo hicieron de Dios, Gedeón se escondía por miedo, pero en todos los casos esconderse es “sinónimo de no enfrentar”.

 

Con el viento de la tarde, el hombre y su esposa oyeron que Dios iba y venía por el jardín, así que corrieron a esconderse de él entre los árboles. Pero Dios llamó al hombre y le preguntó: —¿Dónde estás? Y el hombre le contestó: —Oí tu voz en el jardín y tuve miedo, pues estoy desnudo. Por eso corrí a esconderme.

Génesis 3 8-10 TLA

¿Qué es lo que no podés enfrentar hoy?

 

La vergüenza, el miedo, la culpa, entre otras, son emociones y pensamientos que reprimen nuestra confianza y desvirtúan nuestro valor. Nos detiene y si no buscamos respuestas y fuerzas en Cristo quedamos sometidos muchas veces a realidades que sólo creamos nosotros mismos.

En ambas historias Dios busca a quienes se escondían para darles un nuevo panorama…

Hoy es un buen día para que le permitamos al Espíritu Santo ayudarnos a enfrentar es el miedo que hace tiempo nos amenaza.

 

Ruth O. Herrera