Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.
Mateo 6: 33 RV1995
Vivir un día a la vez nos enfoca en el hoy y en buscar el Reino de manera que todas las cosas sean añadidas, porque si solo pensás en los resultados y el tiempo que demora una respuesta será más difícil que vivas un día a día en el Señor. Porque no es pensar solo en el presente, sino pensar en el presente buscando cada día el Reino de Dios.
La oración no es mágica, no es una fórmula ni un ritual. Al orar, nuestra mirada debe ser El Señor y no la necesidad. Cuando pedimos debemos reconocer a Dios como Soberano.
La clave es la intimidad, buscar el rostro de Dios, ser amigo de Dios, conocer a Dios y todas las cosas vendrán por añadidura.
Me impacta mucho saber que Jesús dijo: “el Padre y yo somos uno”, y ver que en su humanidad pasaba noches enteras en intimidad con Dios, nutriéndose de su amor y asimilando su voluntad.
Y más tarde, poco antes de ascender, conociendo el significado de esa unidad, les dijo a sus amigos: “no los dejaré solos”, como una declaración y un pacto de amistad perpetua con aquellos con los que había compartido tanto tiempo, porque Él conocía la importancia de mantener la intimidad con sus amigos.
La clave es mi intimidad con Dios
“Me doy cuenta de la importancia de volver una y otra vez, porque mi vida fluye apartándose de Dios, mi vida se aparta fácilmente de Dios… debo regresar, mi corazón se va de mi primer amor. Regresar es una lucha que dura toda la vida” (Henry Nowen)
» Entonces regresó a la casa de su padre, y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio llegar. Lleno de amor y de compasión, corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó.
Lucas 15: 20 NTV
Esta es la imagen que pinta y describe la parábola de Lucas 15. Un Padre que desde el mismo momento en que el hijo le pidió su herencia, comenzó a esperar su regreso. Buscando su silueta detrás de cada ventana, en el amanecer o al anochecer, planeando en su mente una y mil veces qué diría y qué no, pero al llegar el día solo pudo abrazar y besar a su hijo comprimiendo cada abrazo y cada beso que había guardado.
Decidí volver todas las veces que sea necesario al corazón de Dios hasta que la comunión desate la confianza de que es un Padre generoso, atento y puro amor.
Quizás te preguntás ¿cómo regresar si no me fui? Pero no se trata solo de haberse alejado mucho o poco tiempo, o de una cuestión de distancia. No se trata de nosotros sino de Papá, de su actitud de constante espera, de su corazón dispuesto y anhelante.
Papá está siempre en la puerta esperándonos… cada día. Entonces la cercanía con Dios tiene frutos visibles en la comunión con la iglesia, la unidad con los hermanos, el sentido de pertenencia a una congregación de hombres y mujeres que buscan y viven en el mismo deseo, la misma pasión por Su Presencia. Y aún más… así es como nos esperamos unos a otros para unirnos en adoración, revelación y plenitud del Espíritu Santo.
Esto es “buscar primero el Reino, buscar primero al Rey sin pensar en la “añadidura”, solo por Él. Es creer como niño, buscar como un niño dependiente y después ser transformado en un hijo maduro y seguro de Papá.
“La clave es Él”, su amor y su deseo de intimidad.
Ruth O. Herrera
