Derribar prejuicios

«Pedro les dijo: ‘Ustedes saben que va en contra de nuestras leyes que un hombre judío se relacione con gentiles o que entre en su casa; pero Dios me ha mostrado que ya no debo pensar que alguien es impuro o inmundo».

Hechos 10:28

En un mundo infectado por grietas y divisiones de todo tipo, nuestro buen Dios sigue invitándonos a la gran aventura de llegar con sus Buenas Noticias a todos. ¿Estaríamos dispuestos a construir una relación con alguien que piensa o vive muy diferente a nosotros? Este desafío no es nuevo y el pasaje bíblico de hoy nos muestra a un Pedro que se debate internamente ante esta posibilidad. Tal como él mismo lo expresó, en aquella época incluso estaba prohibido por la ley que un judío entrara en la casa de alguien que no lo era. Pedro tuvo la bendición de que Dios mismo se encargara de mostrarle y hacerle entender a través de una visión insistente, lo que él afirmó ante todos los que se habían juntado para llenar la casa de Cornelio: «Dios me ha mostrado que yo no debo pensar que alguien es impuro o inmundo». Me pregunto si hoy haría falta que subamos a una terraza a orar para que Dios tenga que decirnos lo que en realidad ya nos dejó dicho en la Biblia a través de esta historia. 

El trabajo que Dios hacía en el corazón de Cornelio era algo que Pedro ignoraba completamente, y paradójicamente sin saberlo, el que estaba orando terminó siendo la respuesta para otro que, a su manera y como podía, también buscaba a Dios. Este suceso relatado en el libro de los Hechos nos deja varias enseñanzas. 

Milagros inesperados

Puede haber grandes milagros justo delante nuestro, ocultos detrás de personas con las que quizás no nos interesa vincularnos por las evidentes diferencias que nos distancian de ellos. A veces los planes del cielo son impredecibles para lo limitado de nuestra perspectiva.

El hecho de que alguien no comparta nuestra misma fe, que piense muy distinto o que en su vida tenga prácticas o actitudes reñidas con nuestra ética cristiana, no nos da ningún derecho a des-echarlos o a descartar lo que Dios puede hacer en ellos. 

Ser nosotros la respuesta para otros

Contra todos nuestros pronósticos y suposiciones es posible que algunos de nuestros amigos, a su modo y con la poca luz espiritual que tienen, estén buscando o pidiéndole a Dios un milagro, y nosotros podemos terminar siendo esa contestación que ellos esperan y que el Señor les envíe.

¿Y si aquellos que no nos caen tan bien terminan siendo a quienes Dios nos guíe a amar y a servir? ¿Y si ellos nos ayudan a poner en práctica la gracia, el amor y la paciencia que hemos recibido convirtiéndonos en mejores seguidores de Jesús?

Durante esta tercera semana de nuestra campaña queremos incentivarnos mutuamente a generar encuentros cercanos y cálidos con personas con las que habitualmente no compartimos una mesa, y para eso necesitamos permitirle al Espíritu Santo que concretamente desactive nuestros prejuicios. 

Cambiar nuestra mirada de los demás

Es posible que, como en aquella azotea de Jope donde se encontraba Pedro, tengamos que mirar al cielo en oración para entender el mensaje que nos advierte que no debemos apurarnos a decretar que alguien es sucio, corrupto o que ya está perdido.

En el caso de Pedro, él tuvo que cambiar su manera de pensar para aceptar una invitación. En nuestro caso nos proponemos ser nosotros quienes demos el primer paso para invitar a alguien para conocerlo más, para escucharlo atentamente con interés y estar listos para ser un canal a través del cual las barreras también se bajen del otro lado de la mesa y podamos llegar con la luz del Evangelio.

Siempre será más fácil, más probable y más directo ser de influencia con amigos que con desconocidos, y debe haber pocas maneras más efectivas de estrechar lazos con alguien que compartiendo una comida. Sentémonos a la mesa como constructores de caminos de salvación por los que Dios pueda fluir para alcanzar un corazón.

Acción:

Hoy no solo vamos a mirar, sino a tratar de forma diferente a algunas personas a las que quizás hemos esquivado anteriormente, con la convicción de que no debemos considerarlos impuros ignorando lo que Dios puede estar haciendo en sus corazones.

Oración:

Pedimos por un cambio de corazón y de mentalidad para amar a las personas sin etiquetarlas.

Oramos por tener una disposición especial a acercarnos a los cinco amigos de nuestra lista con la misma gracia que nos alcanzó a nosotros.

Pedimos para poder ser la respuesta que otros esperan y ser guiados hacia ellos.

 

 

 

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