Por eso Dios le dio el más alto honor y el más excelente de todos los nombres, para que, ante ese nombre concedido a Jesús, doblen todos las rodillas en el cielo, en la tierra y debajo de la tierra,
y todos reconozcan que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Filipenses 2: 9- 11 DHH
Este pasaje describe maravillosamente la exaltación de Cristo y, a la vez, deja el mandato y la responsabilidad de adorar y reconocer su Señorío en la tierra. El Padre preparó para su hijo un trono y le entregó algo que llamamos “Gloria”, pero que realmente no podemos visualizar y comprender completamente.
A la luz de este pasaje recordé una charla que tuve hace tiempo con un amigo que me hizo reflexionar en esto: “Lo que creemos conocer y lo que realmente conocemos”. “Lo que pensamos que entendemos y lo que realmente entendemos”.
Él me dijo: “Estoy haciendo el ejercicio de mirar las cosas cotidianas como si fuera la primera vez que las veo, como nuevas o extrañas y muchas veces me sorprenden. Es que a veces de tanto ver algo ya no lo veo y con el tiempo lo paso por alto. No disfruto o agradezco lo que doy por sentado porque ya lo conozco. Paradójicamente descubrí que lo que me rodean no siempre es como pensaba”. Entonces le respondí: “Es un buen ejercicio para aplicar cuando leemos la Biblia”. Muchos pasajes conocidos en la realidad casi los recitamos pensando simultáneamente en otro tema. La charla fue corta, pero en mi cabeza quedó resonando una frase: “Tanto ver algo, al final, no lo veo” ¿Te pasó alguna vez?
AL leer o escribir los devocionales necesito detenerme y ver los detalles de las palabras, ver, descubrir y recibir algo nuevo. Los relatos del nacimiento, muerte o resurrección de Jesús pueden ser tan conocidos, tan predicados y vistos que puedo perder el sentido y el valor, lo profundo del amor y entrega de Jesús. En la rutina devocional, muchas veces por poco tiempo o costumbre perdemos el mensaje.
Como no llegar a ver totalmente la magnitud de todo lo que Jesús pasó y lo que hizo por mí. Por eso empezar de nuevo y hacer como si fuera la primera vez que leo, conozco y escucho su voz… como la primera vez, lograrlo es realmente impactante.
Tomá un tiempo, dejá lo que estás haciendo, y volvé a leer varias veces estos pocos versículos… que muestran claramente cómo es tu presente en Cristo y tu eternidad en su Gloria. Leélo en voz audible y si podés, inclinate ante la presencia real y tangible del Rey de reyes.
Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre.
Todos necesitamos una y otra vez descubrir lo que ya conocemos
Ruth O. Herrera
