Después volvió a Nazaret, el pueblo donde había crecido.
Un sábado, como era su costumbre, fue a la sinagoga. Cuando se levantó a leer, le dieron el libro del profeta Isaías. Jesús lo abrió y leyó: «El Espíritu de Dios está sobre mí, porque me eligió y me envió para dar buenas noticias a los pobres, para anunciar libertad a los prisioneros, para devolverles la vista a los ciegos, para rescatar a los que son maltratados y para anunciar a todos que:“¡Éste es el tiempo que Dios eligió para darnos salvación!”»
Jesús cerró el libro, lo devolvió al encargado y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga se quedaron mirándolo. Entonces Jesús les dijo: «Hoy se ha cumplido ante ustedes esto que he leído.»
Lucas 4: 16-21 TLA
(Énfasis del autor)
Se habla mucho últimamente en las noticias de “programas económicos”. Estos son una serie de acciones organizadas para mejorar las condiciones de vida y alcanzar los objetivos planteados. Por supuesto, para no ser inocentes, esos “programas” responden a ideas políticas y socioeconómicas y reflejan prioridades: determinados aspectos son lo más importante, y lo demás deberá sujetarse a ello. En todo programa se ponen en evidencia cuáles son las prioridades.
También en nuestra casa. Si tenemos que recortar en algo: ¿en qué será? Si recibimos algún ingreso extra: ¿en qué lo usamos? Eso responde a programas y a prioridades.
Al comienzo del ministerio público de Jesús en Lucas, tenemos un programa, que refleja las prioridades de Jesús. Como si esto fuera poco, lo fundamenta con una Palabra del Antiguo Testamento. Y si es el programa de Jesús, ¿será que debe influir en nuestras vidas, familias, iglesia, prioridades?
El evangelista cita un pasaje de Isaías, pero es muy curioso lo que hace con ella. Toma Isaías 61:1-2, evita algunas frases (para enfatizar en otras) y agrega un versículo de Isaías 58:6, quitando el énfasis de Isaías en la venganza.
La primera mirada de Jesús sobre las personas no se dirige hacia su pecado, sino hacia su sufrimiento, que arruina sus vidas. El Espíritu enfatiza en cuatro grupos de personas que sufren:
Pobres, a quienes se les ofrece Buenas Noticias, ya que no suelen recibir muchas. ¿Por qué tienen este privilegio? No dice que sean “mejores” moralmente, pero frente a Dios, su pobreza los pone en un lugar especial.
Prisioneros/cautivos. A ellos, se les ofrece liberación. ¿Qué cosas te están haciendo prisionero? Vicios, pecado, pensamientos, heridas.
Ciegos. No se trata de una cuestión meramente “oftalmológica”. Uno puede estar viviendo en un montón de oscuridades. Jesús libera de legalismos, miedos y desconfianzas que no dejan ver el obrar de Dios.
Maltratados. Un término interesante en el idioma original, vinculado con el término “trauma”. Literalmente significa: romper en pedazos, hacer añicos, destrozar, destruir. Curiosamente, a estos también se les ofrece liberación.
¿Será que vos y yo podemos sentirnos identificados en algunos de estos grupos? Pobres, cautivos, ciegos, maltratados…
La Buena Noticia en nuestra vida es que está disponible para nosotros el “Año del Favor/Gracia del Señor”.
Pablo Vernola
