Entonces la madre de Santiago y de Juan, hijos de Zebedeo, se acercó con sus hijos a Jesús. Se arrodilló respetuosamente para pedirle un favor. —¿Cuál es tu petición? —le preguntó Jesús.
La mujer contestó: —Te pido, por favor, que permitas que, en tu reino, mis dos hijos se sienten en lugares de honor a tu lado, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. Jesús les respondió: —¡No saben lo que piden! ¿Acaso pueden beber de la copa amarga de sufrimiento que yo estoy a punto de beber? —Claro que sí—contestaron ellos—, ¡podemos! Jesús les dijo: —Es cierto, beberán de mi copa amarga; pero no me corresponde a mí decir quién se sentará a mi derecha o a mi izquierda. Mi Padre preparó esos lugares para quienes él ha escogido. Cuando los otros diez discípulos oyeron lo que Santiago y Juan habían pedido, se indignaron.
Mateo 20: 20-24 NTV
Todos los discípulos habían sido llamados por Jesús con un mismo propósito, no eran hombres destacados y famosos, pero fueron elegidos para servir al prójimo.
Se ve que los hijos de Zebedeo y su mamá no tenían muy en claro ese llamado. Evidentemente estos hermanos seguían pensando en términos de recompensa y valoración personal. Es más, el pedido involucraba a Jesús en una situación en la que debía desviar su misión y ser un juez de “grandezas”.
Esta y otras actitudes de los discípulos dejan en claro que Jesús no buscó gente perfecta… buscó gente para perfeccionar.
El Señor no pretendía que sus amigos fueran personas sin ambiciones ni planes, pero era necesario que sus proyectos se orientaran hacia la dirección correcta.
Jesús había trabajado mucho con sus discípulos y Santiago y Juan eran muy estimados por Él. Aun así como líder supo discernir claramente entre la voluntad del Padre y la voluntad de los hombres.
La madre se le acercó en complicidad con sus hijos, porque claramente los consideraba mejores que el resto del grupo. Ella también deseaba algo bueno… pero por motivos equivocados.
Casi puedo escuchar los argumentos de aquella madre orgullosa: “Jesús, viste que son tan buenitos que siempre te acompañan en todos lados, duermen en el suelo y entre rocas, no les das ni una almohada, comen… pero de paso, son perseguidos y criticados y sin embargo ellos te son tan fieles. Así que te lo pido por favor… dales un buen lugar en el cielo”.
El pedido evidentemente era incorrecto, pero ellos no fueron descartados ni separados del equipo. Pidieron mal, pero con buena voluntad.
Nosotros, que somos aspirantes a discípulos de Jesús, ¡cuántas veces cometemos errores al pedir y no pedir lo que conviene! Desear y trabajar para lo que no viene directo del corazón de Papá.
Tenemos que tomar estas dos premisas, saber identificar la voluntad de nuestro Padre y nuestra propia voluntad. Es bueno notar que los hermanos no consideraban malo lo que pidieron, casi podría tomarse como un gesto de cariño y deseo de cercanía con Jesús. Deseaban lo incorrecto convencidos de que era correcto.
Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y en seguida recibieron la vista; y le siguieron.
Mateo 20: 33-34
La motivación y el pedido de estos ciegos movilizaron a Jesús, ellos pedían bien. Por eso Jesús mismo les preguntó cuál era el pedido que tenían. Solo un momento antes Jacobo y Juan habían mostrado su inmadurez y deseos equivocados. La sucesión en el pedido de estos cuatro hombres es tan significativa como antagónica. Dos pidiendo privilegios inmerecidos y dos rogando por una enfermedad que los anulaba y discriminaba.
Cada uno de ellos pensó que tenía el derecho de pedir según la visión que tenía de sí mismo. Dos, seguramente, influidos por una tercera persona y los dos no dejaron que nadie les hiciera cambiar de opinión.
Piden y no reciben; porque piden mal, para gastarlo en sus placeres.
Santiago 4: 3 RV 2015
Conocer, buscar, amar y seguir de cerca a Jesús nos direcciona a buenos proyectos, deseos sabios y planes en su voluntad. Esto es lo que nos hace avanzar realmente sin retroceder. Los buenos deseos, los esfuerzos correctos, la seguridad de avanzar en la voluntad de Dios nos hace estar tranquilos y seguros aunque tengamos que invertir más esfuerzo y trabajar sin ver resultados inmediatos…
Ruth O. Herrera
