Despertar la palabra

Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo; que deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros; que hago volver atrás a los sabios, y desvanezco su sabiduría. Yo, el que despierta la palabra de su siervo, y cumple el consejo de sus mensajeros; que dice a Jerusalén: Serás habitada; y a las ciudades de Judá: Reconstruidas serán, y sus ruinas reedificaré;

Isaías 44:24-26 (RVR60)
(Énfasis del autor)

En Argentina, como en otros lugares del mundo, es común que los primeros mandatarios recurran a adivinos en busca de consejo. Esto trae malas consecuencias, la población también suele acudir a quienes prometen soluciones mágicas. Hay en todos necesidades reales de una búsqueda espiritual genuina, pero que se desvía hacia “caminos de muerte”. Mientras meditaba en esto, encontré las siguientes declaraciones divinas:

Deshago las señales de los adivinos, y enloquezco a los agoreros. Yo, el que despierta la palabra de su siervo, y cumple el consejo de sus mensajeros.

¡Qué contraste! Notorio. El Señor deshace y despierta. Parece muy poética la imagen de despertar la palabra de su siervo. No obstante, es contundente. Como hijos de Dios necesitamos que Él despierte su palabra en nosotros y cumpla nuestro consejo como mensajeros. El objetivo es que su Reino siga extendiéndose y que se exponga la diferencia entre la luz y la oscuridad, la mentira y la verdad, la vida y la muerte.

No todos estamos llamados a actuar como consejeros de altas esferas, pero hay un espacio para que la iglesia del Señor actúe en ellas. Algunos hermanos en la fe ya lo están haciendo. Hace un tiempo escuchaba a alguien comentar que pidió una entrevista con un alto funcionario y se la dieron, fueron cinco minutos. Este hombre fue directo al asunto: le contó que había soñado con él y le describió el sueño. A continuación, el aludido pidió a su secretaria que cancelara sus entrevistas y estuvo hablando con el mensajero de Dios durante casi dos horas.

Lo medular de este tipo de intervenciones es que, más allá de sus preferencias políticas, aquel que habla de parte de Dios tenga bien en claro su llamado, para qué reino trabaja y sea fiel al Señor que lo envió.

Cuando oigo estas historias, mi esperanza renace de a poco. Escuchamos tantas noticias de un lado y del otro de la sociedad que, a veces, podemos desalentarnos. Lo fundamental es que, más allá de nuestras preferencias, nuestra lealtad sea clara y el Señor sea realmente Señor (dueño) de nuestros pensamientos, porque si no ¿cómo podrá despertar Su palabra en nosotros? ¿Qué consejo ofreceremos si no podemos reconocernos como mensajeros fieles a lo que Él quiere transmitir?   Es la palabra que el Señor inspira la que no regresa vacía, sino que cumple el propósito para el cual es enviada.

Tal vez te parezca un tema que es lejano a tu realidad cotidiana, sin embargo, cuando oramos por nuestro país no deberíamos perder de vista que nuestro Papá está deseoso de deshacer las señales de los adivinos; enloquecer a los agoreros; despertar la palabra de sus siervos y cumplir el consejo de sus mensajeros.

 

 

Mónica Lemos