En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas. Ahora, en estos tiempos últimos, nos ha hablado por su Hijo,
Hebreos 1:1-2 DHH
Desde el comienzo de los tiempos Dios nos habla de diferentes maneras. Al observar el diseño de nuestra anatomía, al descubrir cómo funcionan nuestros sistemas sabemos sin duda que somos Su creación, y que el Dios Todopoderoso nos diseñó a Su imagen y semejanza para darnos acceso a Él mismo. Nos invita a formar parte de su familia, nos llama hijos.
¡Sí! Somos sus hijos. Hijos de un Padre amorosísimo, que nos conoce, nos escucha y nos habla. Dios tomó y sigue tomando la iniciativa.
Es un hecho que Dios tomó la iniciativa y habló a través de los tiempos, pero su voz sigue escuchándose cada día con algo nuevo, oportuno, personalizado, al alcance de quien le busca. Insiste, aunque haya tanta indiferencia generalizada.
La ecuación correcta es: “Dios quiere hablarnos y nosotros debemos estar dispuestos”, escucharlo y procesar debidamente su voluntad”
Ya sé… esto lo escuchaste y lo leíste muchas veces, yo también, pero, vos y yo sabemos que “la ecuación correcta” depende de vos y de mí, porque Papá sigue hablando, aunque nosotros no escuchemos, y así invalidamos la fórmula perfecta de comunión.
El escritor comienza diciendo que Dios ya habló de muchas maneras… pero no fue escuchado.
Hoy hay muchas voces sonando en simultáneo, interrumpiendo nuestra atención, la capacidad de hacer silencios en nuestros propios pensamientos y criterios para discernir Su voz.
Las cosas más absolutamente normales son las que nos distraen y después de leer y escuchar su Palabra muchas veces no identificamos qué nos dice. Hijos, nietos, trabajo, jefes, colectivos repletos, calor, gritos callejeros, demasiado por hacer… la lista es realmente interminable de excelentes razones para “no parar antes de empezar”. No necesitamos escuchar lo que queremos oír, ni leer en la Palabra nuestra propia historia.
Solo con un momento de silencio externo e interno sería suficiente, pero… ¿qué creés que pasaría si Dios te habla de lo que no querés escuchar?
Este párrafo del pasaje de Hebreos nos recuerda el profundo amor de Dios por nosotros y su persistente búsqueda de relación con cada uno de manera individual.
Papá puede hablarte de muchas formas o estrategias, obviamente en la Palabra, a través de otros, en sueños, pensamientos… pero puede suceder, como dice el dicho popular “no hay peor sordo que el que no quiere oír”.
Que podamos responder a su llamado con humildad y obediencia, confiando en su gracia y amor para guiarnos en todas las áreas de nuestras vidas.
Comenzá la semana dándote tiempo… un buen momento para escucharlo cada día. Frenar y preguntarle ¿Qué me querés decir hoy? Un tiempo de detenerse para seguir.
Ruth O. Herrera
