¿Determinados o Terminados?

Mientras Jesús subía a Jerusalén, llevó a los doce discípulos aparte y les contó en privado lo que le iba a suceder. «Escuchen —les dijo—, subimos a Jerusalén, donde el Hijo del Hombre será traicionado y entregado a los principales sacerdotes y a los maestros de la ley religiosa. Lo condenarán a muerte.  Luego lo entregarán a los romanos para que se burlen de él, lo azoten con un látigo y lo crucifiquen; pero al tercer día, se levantará de los muertos».

Mateo 20: 17-19

A todos nos ha pasado alguna vez comenzar algo decididos y con entusiasmo, pero cuando surgen dificultades, dar por terminado el proyecto o abandonar los planes que teníamos. Muchas veces por razones de fuerza mayor, pero otras, simplemente por falta de determinación; pasamos de “estar determinados” a “dar por terminados los planes y dejarlos inconclusos”.

¿Cuántas veces te ha pasado esto? ¿En cuántas ocasiones tu determinación finalizó antes que tu proyecto se hubiera llevado a cabo?

Esta breve historia es la de un hombre que fracasó en los negocios y cayó en bancarrota en 1831. Fue derrotado para la Legislatura de 1832.  Su prometida murió en 1835.  Sufrió un colapso nervioso en 1836.  Fue vencido en las elecciones de 1836 y en las parlamentarias de 1843,1846, 1848 y 1855.  No tuvo éxito en su aspiración a la Vicepresidencia en 1856, y en 1858 fue derrotado en las elecciones para el Senado.
Este hombre obstinado y determinado fue Abraham Lincoln, elegido presidente de Estados Unidos en 1860. Su perseverancia lo llevó a ser la persona clave en su país para preservar la unión, abolir la esclavitud y fortalecer el gobierno federal y modernizó la economía.

Jesús fue así, alguien que, ante la realidad más adversa y hostil, mantuvo su determinación y terminó el plan que desde el principio vino a cumplir.

Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado; despertará mañana tras mañana, despertará mi oído para que oiga como los sabios. Jehová el Señor me abrió el oído, y yo no fui rebelde, ni me volví atrás. Di mi cuerpo a los heridores, y mis mejillas a los que me mesaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y de esputos. Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado.

Isaías 50: 4-7

(Énfasis del autor)

Este hermoso pasaje del libro del Profeta Isaías, describe al Mesías como alguien que teniendo todas las posibilidades de no enfrentar la cruz, igual se enfrentó a ella con la determinación y firmeza que necesitaba para morir voluntariamente.

 “Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén”

Lucas 9: 51

Jesús es nuestro ejemplo perfecto de vivir con determinación. Su obediencia estaba basada en el amor del Padre. Nada hizo por fuerza o buscando su bienestar propio. Todo lo hacía conforme el Padre le mandaba. Aun así, el diablo lo persiguió para menguar su determinación. Usó a sus discípulos. Utilizó a los líderes religiosos y gobernantes. Manipuló a las masas. Pero Jesús no cedió ni un ápice al capricho del diablo.

El Señor Jesucristo fue a la cruz por amor a usted y a mí. Y aun sabiendo que, muchos no lo recibirían”

Qué bueno sería que hoy puedas repasar tu propia historia y evaluar ¿cuántas veces dejaste algo a mitad de camino? ¿Cuáles fueron las razones que te impulsaron a hacerlo?

Dios es un Dios de “principio y de fin”, y en su diseño, nos hizo para terminar ¡las obras que Él nos preparó de antemano!

Ruth O. Herrera