Acompañando el estudio de las parábolas junto a los grupos de red esta semana meditemos en la parábola de la higuera.
Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.
Lucas 13:6-9 RV
Antes de contar la parábola, Jesús estaba hablando sobre la necesidad del arrepentimiento. Algunas personas le habían contado acerca de unos galileos que habían sido asesinados por orden de Poncio Pilato. Otros recordaban el accidente de la torre de Siloé que había matado a dieciocho personas.
Muchos judíos pensaban que las tragedias ocurrían porque las víctimas eran más pecadoras que los demás. Y Jesús corrige esa idea.
La imagen del dueño de la viña buscando fruto en su higuera durante tres años consecutivos nos muestra su paciencia. En el contexto agrícola, una higuera que no produce después de tres años es considerada a menudo una pérdida de tiempo y recursos. Pero este propietario esperó, la observó y finalmente aceptó que era defectuosa.
Su primera intención no había sido cortarla, por eso esperó tres años y después escuchó al jardinero.
No es que el Señor se tarde en cumplir lo que prometió como piensa la gente. Lo que pasa es que Dios es paciente porque no quiere que nadie sea destruido, sino que todos cambien su vida y dejen de pecar.
2°Pedro 3:9 PDT
(Énfasis del autor)
Dios conoce los procesos de cada persona, el tiempo que necesita para que su semilla germine y crezca, pero no siempre encuentra frutos. Sin embargo, la paciencia de Dios, aunque inmensa, no es una puerta para el estancamiento. Él renueva sus bondades para que dejemos el letargo. Cuando vivimos tiempo de estancamiento Dios está dispuesto a perdonar y esperar.
El dueño de la viña finalmente dice: «Córtala». Esto nos recuerda que hay consecuencias para la esterilidad prolongada. Pero el enfoque principal hoy debe ser la increíble paciencia que Dios nos ha mostrado hasta ahora.
Nos frustramos con nosotros mismos por nuestra falta de progreso. Cuando volvemos a caer en viejos hábitos o no vemos el impacto que deseamos tener. Pero la parábola nos recuerda que Dios no tiene el mismo reloj que nosotros. De hecho, que estés leyendo este devocional hoy es una prueba de la paciencia y las herramientas de Dios para tu crecimiento, para que tengas frutos.
Él no se da por vencido como nosotros. Siempre está esperando que demos ese paso, que cambie nuestra actitud.
Más de una vez tuve que pedirle perdón por las veces que abusé de su Gracia. Y una y otra vez su paciencia fue una invitación al cambio y a la transformación.
¿Te pasó igual? ¿Te está pasando?
Ruth O. Herrera
