Bendice, alma mía, a Jehová, bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca, de modo que te rejuvenezcas como el águila.
Salmo 103:1-5 (RVR60)
(Énfasis del autor)
David había experimentado tanto los resultados del pecado, como la ceguera que este produce. Es más, él había intentado esconder sus faltas y quedarse callado. En ese proceso aprendió que confesar sus errores ante Dios lo habilitaba para recibir el perdón que necesitaba para liberarse de la culpa. El Señor en quien confiaba siempre estaba dispuesto a borrar toda ofensa. Esta realidad lo ponía de nuevo en camino, podía continuar sin llevar a cuestas la pesada carga de sus transgresiones.
Dios mío, tu perdón nos llega a todos como una bendición; tu perdón borra nuestros pecados y rebeldías.
Salmo 32.1 (TLA)
No nos trata conforme a nuestros pecados ni nos paga según nuestras iniquidades.
Salmo 103:10 (NVI)
De modo que podríamos preguntarnos ¿cuáles son los beneficios que enumera David? El orden en que figuran no es casual.
Él perdona: el perdón de Dios es completo, si confesamos nuestra maldad, podemos estar seguros de que toda culpa será borrada. Su promesa es que nunca más se acordará de nuestros errores.
Él sana: la intervención divina sana dolencias físicas, mentales y emocionales.
Él rescata: Acá las ideas pueden ser dos: la de alguien que tiende la mano para levantar a otro cuando cae y también la de quien paga un precio para liberar a un prisionero.
Me sacó del foso de desesperación, del lodo y del fango. Puso mis pies sobre suelo firme y a medida que yo caminaba, me estabilizó.
Salmo 40: 2 (NTV)
El poeta y rey de Israel había pasado por profundas crisis interiores, pero también por peligros reales. Su vida estuvo en juego en reiteradas oportunidades. ¡Cuántas veces se habrá sentido atrapado, en tierra resbaladiza, sin atisbos de un lugar firme donde hacer pie!
Tal vez estés pasando por un tiempo de angustia, sientas que tocaste fondo. Si esa es tu realidad, Dios, como hizo con David, te sacará del pozo, te pondrá sobre tierra firme y, mientras camines, irá estabilizándote.
Mónica Lemos
