Bríndanos tu ayuda contra el enemigo, pues de nada sirve la ayuda humana. Con Dios obtendremos la victoria; ¡él pisoteará a nuestros enemigos!
Salmo 60: 11 y 12 NVI
Durante el año que recién finaliza, seguramente hemos vivido momentos felices y otros no tanto; algunas situaciones donde salimos airosos y otras en las que fuimos derrotados. Algunas veces necesitamos la ayuda humana, la pedimos y salimos adelante. Otras veces pedimos auxilio a personas que creemos que pueden ayudarnos y no obtenemos respuesta.
Probablemente, en algunas ocasiones fuimos decepcionados por aquellos en quienes confiábamos. En ese caso, tenemos dos opciones: o nos desalentamos y decidimos “pelearla solos” o concluimos, como David, en que la ayuda humana resulta inútil y decidimos recurrir a Papá.
Hay momentos en que solo Dios puede ayudarnos a vencer. Él puede vencer en nosotros y a través de nosotros. El Todopoderoso sigue siendo la única persona en quien siempre podemos confiar porque sabemos que no seremos defraudados.
El rey David lo aprendió a lo largo de sus batallas. Cuando trataba de afianzar su reino y recurría a alianzas y estrategias humanas sin consultar a Dios le iba mal. En cambio, cuando presentaba sus deseos y aun sus dificultades ante el Señor, Él le aseguraba la victoria contra sus enemigos.
Algunos comentaristas dicen que el salmo 60, un testimonio y canto que tiene el propósito de enseñar, fue escrito cuando su autor pasaba por dificultades de las que él mismo era responsable. Por eso habla de la soberanía de Dios sobre los territorios y, a la vez, de que el Señor ya no salía con sus ejércitos. David había tomado sus propias decisiones y Dios se lo permitía, pero no lo acompañaba.
Era tiempo de volver a confiar solamente en el que lo había hecho rey y apoyarse en sus promesas. Al Supremo Hacedor nadie lo puede vencer. Es solamente en Él que podemos derrotar a nuestros enemigos interiores y a los externos.
Si estás experimentando tiempos difíciles, tal vez te diste cuenta de que la ayuda humana es inútil, o en el mejor de los casos, pasajera. Este es el mejor momento para volver a confiar con todo tu ser en Dios y en sus promesas. Solo así podés hacer realidad aquello que humanamente es imposible.
Incluso aunque las dificultades sean el resultado de tus propias malas decisiones, el Señor sigue extendiendo gracia y promete pisotear a nuestros enemigos.
Mónica Lemos
