Disciplina y Cuidado: La Perseverancia que Transforma

«Ejercítate en la piedad. Porque el ejercicio corporal para poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de esta vida presente y de la venidera.»

 1° Timoteo 4:7-8 

Cuidar el cuerpo no es algo que se haga una vez y ya está. Comer sano un solo día no cambia nada. Ir al gimnasio una vez no te pone en forma. El verdadero cambio viene con la constancia, con el esfuerzo diario, con la disciplina. 

También es así con nuestra vida espiritual. A veces queremos resultados inmediatos, pero Dios trabaja a través de procesos. Y esos procesos requieren perseverancia. 

Cuando me diagnosticaron la trombosis, entendí que no iba a haber una solución mágica. No había una oración que pudiera revertir años de descuido en un instante. Dios podía sanarme, sí, pero también me estaba llamando a asumir la responsabilidad de mi cuerpo. 

En nuestra relación con Dios queremos crecimiento espiritual, queremos madurez, queremos que nuestra fe sea fuerte… pero no queremos el proceso. No queremos el esfuerzo diario de la oración, la lectura de la Palabra, la comunión con la iglesia. Queremos una fe inquebrantable sin haber construido una relación profunda con Dios. 

La Biblia nos llama a entrenarnos espiritualmente. Así como el ejercicio físico fortalece el cuerpo, la disciplina espiritual fortalece nuestra fe.

Hoy quiero desafiarte a que te preguntes… ¿Cuánto tiempo dedicas a tu relación con Dios?

¿Estás ejercitando tu fe con la misma constancia con la que entrenarías tu cuerpo si estuvieras preparándote para una carrera?

¿Qué pequeños hábitos podés empezar a construir hoy que, con el tiempo, te harán más fuerte en Cristo?

El cuidado de nuestro cuerpo es un proceso. Cuidar nuestra fe también lo es. La clave está en la perseverancia.

 

 

         Jonny Lewczuk