Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto. Dios la usa para preparar y capacitar a su pueblo para que haga toda buena obra.
2 Timoteo 3:16 y 17 (NTV)
(Énfasis del autor)
La realidad es compleja, tiene innumerables aspectos. Cuando nosotros hablamos con alguien es probable que al escuchar lo hagamos desde nuestra apreciación de lo que es la realidad y que no necesariamente coincida con la de la otra persona.
Desde ese punto de vista ¿quién tiene razón y quién está equivocado?
Si somos sinceros, generalmente nuestro primer pensamiento es que nosotros tenemos razón. Sin tener malas intenciones usamos nuestra historia de vida, las experiencias que dieron forma a nuestra personalidad como base para establecer criterios y podemos equivocarnos.
Hoy se habla mucho de inclusión y empatía, pero en los hechos es muy difícil ponernos en lugar del otro y comprenderlo, antes de pensar en emitir juicios de valor sobre cualquier tema del que estemos hablando.
Una frase, extraída de un poema de Ramón de Campoamor, con el tiempo se convirtió en refrán y expresa “Y es que en el mundo traidor, nada hay verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”
Cada uno tiene un par de cristales diferentes y mira la vida a través de ellos. No se detiene a pensar si la mirada es correcta. Simplemente tiene una visión incorporada de las cosas.
Ahora, cuando llegamos a Cristo nacemos de nuevo y debemos estar dispuestos a que Su palabra nos corrija, imprima en nosotros el criterio divino para decidir qué es correcto y qué no lo es. Dios ve la realidad total de nuestra vida y del universo entero y además es enteramente confiable y quiere lo mejor para nosotros. Entonces tenemos que cambiarnos los lentes y reemplazarlos por la mirada del Salvador.
La palabra corregir proviene del latín cum, cabalmente, conjuntamente; y rigere, de regere, enderezar, conducir derecho, regir, dirigir, gobernar, guiar.
(definiciones-de.com)
La vida nueva que hemos elegido incluye el hecho de estar dispuestos aceptar la autoridad que la Palabra tiene para corregirnos cuando estamos equivocados, porque reconocemos que Dios es autoridad en nuestra vida y Su Palabra es útil para enderezar, dirigir, gobernar y guiarnos. Esto lo sabía muy bien el autor del libro de proverbios, por eso escribió
Confía en el Señor de todo corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus sendas. No seas sabio en tu propia opinión; teme al Señor y apártate del mal. Él será la medicina de tu cuerpo; ¡infundirá alivio a tus huesos!
Proverbios 3: 5-8 (RVC)
(Énfasis del autor)
“Reconocer” a Dios paso a paso mientras nos guía y “endereza” nuestro camino significa tener una dependencia total y la necesidad de ser guiados, por eso una vez más tu oración y la mía debe ser: “Señor más de ti y menos de mí”… estoy dispuesto, preparada para que corrijas mí camino.
